Caminando por la pintoresca calle peatonal Hidalgo es posible ver de todo… y escuchar también.
Esas pláticas en las que no estás invitado pero que por la cercanía con la gente es imposible no oír.
Una señora joven caminaba con sus dos hijas de entre siete y diez años y en en medio de la conversación la madre les dijo: “¿escucharon lo que la pinche vieja me dijo?, la de la tienda”.
No me interesa saber que le dijo la empleada, lo que me gustaría saber es ¿por qué la madre se expresa así delante de sus hijas?
Es cierto que “pinche” no es el insulto más fuerte del mundo, pero hacerles creer a los niños que “pinche vieja” es algo que pueden decirle a sus mayores si lo es.
No necesitamos decirle a nuestros hijos que pueden decir y que no, involuntariamente somos su ejemplo a seguir.
Que no le sorprenda a esta madre de familia que cuando sus pequeñas se enojen la llamen igual que como ella a la empleada, pues al platicar con ellas casi casi como si lo estuviera haciendo con la comadre o vecina les está dando la confianza para hacerlo.
De la página La Vida en Bettylandia


