La mayoría recordamos con mucho cariño a nuestros maestros, o por lo menos a alguno que además de enseñarnos la teoría y práctica sobre equis materia, nos acompañó con consejos y recomendaciones en momentos importantes.
En preescolar no es la excepción, pues los pequeñines tienen tal apego a sus maestras que en ocasiones se confunden y hasta les dicen “mamá”.
Recientemente fuimos a una fiesta de un compañerito de una de mis niñas y a los pocos minutos de llegar, mi hijo preguntó por la maestra de su hermana.
“Mami, ¿dónde está la maestra fulanita?”, preguntó el guerquito; “ahí, mira, enfrente, ¿quieres ir a saludarla?”, dijo que si y se fue directo a darle un beso y un abrazo.
En nuestras pláticas, la maestra siempre sale a flote y varias veces me ha dicho que la saluda en el comedor.
También que un día se cayó en el patio y ella lo levantó.
El 14 de febrero le regaló paletas de corazón a él y a su hermana aunque no sean sus alumnos y también les ha puesto estrellitas en la frente si ellos responden que se portaron bien (aunque quizás no estén diciendo la verdad).
Un día durante el baño le pregunté: “¿Por qué saludas y le das abrazos a la maestra fulanita? y la respuesta de mi hijo fue: “porque ella es muy bonita”, quizás se refería a su belleza física, pero también interior, los niños pueden ver esas cosas.
Todas las noches, cuando ya está dormido me acerco a su oído y le susurro: “¿quién te quiere?”, y sin despertar y casi entre dientes me dice: “mamá”; pero anoche la respuesta fue: “mamá y la maestra fulanita”.
Fuentes confiables me dijeron que el guerquito le dijo ayer: “maestra hoy viniste demasiado bonita” y el me platicó que hoy le hizo una galleta de plastilina.
Quizás son solo cumplidos de un pequeño caballerito, o quizás la maestra se ganó su corazón.


