Se vale rezar

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Hoy yo debía partir a un viaje por 2 semanas a Patagonia (Chile y Argentina) junto con otros 5 montañistas. Hace un par de días cuando la aerolínea canceló mi vuelo internacional y vi que tal vez no me reembolsarían otros 3 vuelos domésticos del mismo viaje, todo me pareció una tragedia. Hoy ya no.

Hace días cuando mi hijo Rubén me llamó con voz triste desde su Universidad para informarme que su último año escolar había sido cancelado y que su graduación programada para el 16 de Mayo tal vez nunca se lleve a cabo, todo me pareció una tragedia. Hoy ya no.

Hoy dimensiono tantas cosas. Veo la vulnerabilidad del ser humano. La fragilidad de la vida y la salud. Lamento la pérdida de tantas vidas humanas y de tantos otros luchando por su salud. Lamento la pérdida de miles de empleos y el colapso de tantos sectores económicos. Veo cómo de la noche a la mañana perdimos nuestra libertad humana. Como si repentinamente hubieran desaparecido las fronteras de los países, nacionalidades, razas, idiomas y diferencias políticas, para convertirnos en una misma especie humana enfrentada al mismo monstruo. Como viviendo todos el mismo guión de una película de terror. Todos ahora montados en un mismo barco.

Hoy acudí a la Iglesia a rezar ante el Santísimo, pues las Misas están canceladas. En medio de ese hermoso pero desolado templo semi obscuro -solo 8 personas orando-, sentí que Dios me abrazaba. Un abrazo muy reconfortante.

Salí de la Iglesia esperanzada en que el viaje tal vez lo podré hacer en el futuro. En que Rubén terminará su último año escolar en casa y que le aplaudiré sin cesar aún y si sólo le envían su diploma universitario por correo. Agradecida porque aún tengo un trabajo. Pero sobre todo con la convicción de que mi fe y esperanza siguen firmes aún en estos difíciles momentos. Hoy más que nunca agradezco a Dios su Misericordia. Agradezco sus infinitas bendiciones. Agradezco al Sector Médico por arriesgar sus vidas para salvar la de otros.

Aquí les envío amigos ese reconfortante abrazo que Dios hoy me regaló. ¡Cuídense!

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