De muchos es conocida mi amistad con Susana Valdés Levy. Años de coincidencias laborales y emotivas forman un acumulado enorme de afecto donde la clave para el equilibrio entre acuerdos y desacuerdos ha sido, siempre, el respeto a la sensibilidad y la inteligencia del otro. Y claro, ahora que se le otorga la dirección del canal 28, sé, con certeza, que hay muchos que esperaban que opinara en mi muro de Facebook o en el suyo. Sobre todo porque he sido bastante crítico respecto al gobierno estatal.
Esta certeza no nace de la especulación. Algunos no aguantaron el susirio, el pendiente y la curiosidad, y me preguntaron. Casi todos en los mismos términos que se resumen en la típica frase comadresca utilizada para meter listones y sacar moños: “¿Cómo ves?”.
Suponían que el nombramiento de Susy pondría mi pobre sentido crítico en un brete. No es así. Para empezar, porque el canal 28 no se apellida Rodríguez. Además, porque no tengo idea de lo que Susy quiere hacer con ese medio de comunicación oficial.
Tiene, lo sé, muchas cosas en contra. Para empezar, porque tenemos un gobierno personal. Es un vicio viejo. No lo inventó el actual gobernador, así ha sido siempre. Todo el aparato administrativo del estado, incluyendo sus medios de comunicación, son instrumentos del gobernante en turno. Pasa aquí y pasa en otros estados, y el ejemplo más elocuente es el gobierno federal. Así como el Poder Ejecutivo se centraliza en una persona, desestimando a los otros dos poderes, los ciudadanos también ven al gobernante como la encarnación del poder y olvidan que ellos son el poder. Ha de ser algún tipo de atavismo tribal o una nostalgia monárquica, pero así funciona esto. La transición de televisión estatal a televisión pública (que deberían ser lo mismo, pero no lo son) siempre estará limitada por la utilidad del gobernante y por las pobres expectativas de los gobernados.
Susy tiene, si el sistema se lo permite y el público lo entiende, la oportunidad de subir uno o más escalones en esta intimidante y peligrosa escala de Jacob, pero es sólo para avanzar en el proceso. No espero que llegue a la cima porque, en general, la televisión pública en México carece de la autonomía necesaria y sí tiene un financiamiento muy limitado. Además, la gente está demasiado (mal) acostumbrada a la televisión privada.
Sé que no se cuenta con recursos suficientes, aunque creo que hay un mito respecto a la calidad de los productos televisivos. Desde los primeros pasos en la TV pública, muchos muy exitosos, no hubo grandes inversiones en equipo y abundancia de personal. Hubo, eso sí, creatividad. Tanta que todavía hay quienes suspiramos por muchas producciones de Imevisión. Nos han acostumbrado a darnos todo peladito y en la boca, cuando la mitad del contenido de cualquier emisión, sobre todo en la TV pública, está en la imaginación y la inteligencia del receptor. Estoy seguro que la creatividad es un activo fijo que tiene Susy en sí misma. Hacer lo mejor con lo que hay, ese es el verdadero reto.
Tampoco creo que el canal 28 deba convertirse necesariamente en un espacio crítico hacia las políticas públicas del propio estado. Ni los ciudadanos ni los gobernantes están preparados para una apertura de esa magnitud, y queda perfectamente claro que tampoco sería prudente en estos tiempos de locura infodémica en las redes sociales y la televisión y medios privados. Aunque no se trata de enmudecer a nadie. Tampoco es conveniente copiar fórmulas exitosas de la televisión privada. Ya hubo experiencias así y no funcionaron. Tal vez la fórmula más acertada es la más simple: evaluar lo que se tiene en el medio e identificar lo que necesita el auditorio.
En fin, mi amiga Susy, triunfe o fracase en este cargo, seguirá siendo mi amiga. No será una labor fácil, pero, como diría mi agüelo: “si no hay zanja, no hay brinco”. Y sí, sin obstáculos no hay retos. Por eso, y aunque no les importa y porque soy considerado, sólo para desahogo de los expectantes e impacientes curiosos, no felicité a Susy en su muro, tampoco en privado. Le dije “no te envidio”, le deseé mucha suerte y le sugerí paciencia.
No necesita nada más. Todas las cualidades necesarias ya las tiene. Felicito, eso sí, al gobernador Rodríguez, porque sin querer queriendo tiene una oportunidad de oro para mejorar su imagen pública, pero no promoviéndose sino haciendo las cosas bien y dejando que otros lo hagan. Eso es algo que todos los ex gobernantes presumen, pero muy poca gente se lo cree. Después de todo, la obra pública es una exigencia pública, pero las decisiones de un gobernante son las que lo hacen trascender.


