Ahí me avisan

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No debe causarnos sorpresa la intensa negociación desplegada la semana pasada para amarrar alianzas entre partidos. Más todavía porque todas, alianzas y distancias, se están planteando con un objetivo común: gobernar, a secas.

No hay propuesta ideológica, no hay evaluación del ánimo y desánimo sociales, no hay innovación de mecanismos para la administración pública. No hay nada, sólo personas, incluida la “coalición morena”, que quieren asirse al poder a como dé lugar.

¿Por qué quieren causar semejante daño a los inocentes nuevoleoneses? Pues no, no creo que eso sea relevante para ellos. Lo importante es a quiénes beneficiaría uno u otro gobierno. Y no me refiero a los eventuales gobernantes sino a quienes cogobernarían con ellos, y la intensa actividad mal encubierta desde cámaras empresariales es el norte magnético de esa brújula.

Vi con bastante indiferencia la averiguata entre partidos (y empresarios) porque, como ciudadano, poco tengo qué ver en esas decisiones, ninguno de ellos piensa en mí, Juan Pueblo, a la hora de decidir.

Durante las últimas dos décadas sobre todo, el gobierno democrático mexicano ha sido sólo una gerencia de recursos humanos. Organiza a ciudadanos para impulsar el desarrollo económico de pocos, no el desarrollo social.

La supuesta estabilidad social emanada del progreso era sólo un acto de fe; la epidemia descubre ahora nuestra terca dependencia hacia lo superfluo. La prueba clara de esa estabilidad ficticia es la facilidad con la que orates malignos, ingenuos y estúpidos, en medios y redes sociales, nos han puesto en la orillita de una nueva Edad Media, pero esta vez más fanática, oscura, ignorante, feroz.

Lo único que he logrado sacar en claro de todo esto es que los ciudadanos seguimos ajenos a los procesos democráticos, sin más derecho que el voto. Si tuviéramos un poco más de conciencia social, el espectáculo desplegado por los partidos para designar candidatos bastaría para repudiarlos prácticamente a todos.

Desde el melodrama de MC para imponer a un candidato único a la gubernatura, hasta la visita efectista del líder nacional del PRI para negociar alianzas, todo es una verdadera mojiganga.

Nunca creí que Luis Donaldo no contendería por la gubernatura, aunque creo que despertaría más simpatías. La única carta de MC para el gobierno de Nuevo León es el “senatore-influencer” (un “viejo león” en ciernes). Y de eso ya se había encargado el propio Samuel, quien no dejaría que una alianza derrumbara su castillo de naipes.

La propuesta de Morena y aliados tampoco es sorpresa. Tatiana tendrá simpatías, pero Clara tiene más arraigo político y social. Queda un Partido Acción Nacional con puros cartuchos quemados y un expediente nacional e internacional muy desagradable, tanto que Víctor Fuentes tendría una gran ventaja, porque no parece panista. Ni hablar de un PRI desmantelado por los propios priistas y el tenebroso fantasma del “medinismo” asechándonos.

Ildefonso me cae bien, pero…

Así que como no he sido requerido para estas grotescas negociaciones, me reservo mi voto cuando ellos, no yo, decidan quiénes serán los candidatos. Ahora sólo estaría especulando y, como dije en otra ocasión, mi Tarot perdió su vocación de oráculo a favor del conquián. Que se dejen de circos y encuestas, cuando se decidan bien, me avisan.

Y sobre el tumulto armado en la visita del líder morenista Mario Delgado, que acusa al gobierno de Rodríguez por el desaguisado en tanto que el gobierno estatal se deslinda, yo les creo a ambos.

Aunque, y citando a un clásico, “haiga sido como haiga sido”, un evento tan desagradable durante un proceso interno de un partido que en Nuevo León se ha mantenido en el limbo (por no decir “la güeva”) durante tanto tiempo, no deja de ser un muy buen escaparate mediático.

Decía mi agüelo que para saber de dónde vino el daño hay que ver primero a dónde va el beneficio.

Eso sí, habría qué deslindar a los dolosos de los culposos, pero, ¡ya qué!, la primera plana ya no se las enmienda ni San Juditas.

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