Antes de la navidad mi primogénita le hizo una carta a Santa Claus en la que le pedía “un gato con alas que volara”, pedido que por supuesto, Papá Noel no pudo cumplir, pero en su lugar llegó un juego de ponys de plástico con rizada melena de diferentes colores.
Previo al Día de Reyes, dijo que les iba a hacer una carta para decirles qué regalos quería y le comenté que aquí ya había venido Santa Claus y que había muchos niños que no recibieron nada y a ellos debían visitarlos los Santos Reyes, por lo que no la vendrían con ella.
Lo entendió y lo tomó muy bien y su respuesta fue un “ok mami”.
Pero el gato con alas llegó, no lo trajo Santa Claus, tampoco los Santos Reyes, fue creado por su abuela con una aguja de gancho, usando estambre, ojos de plástico y fomi.
Así este simpático gato blanco con bigotes al estilo de Charles Chaplin, vigila sus sueños cada noche y se ha convertido en su inseparable compañero.


