Solo Samuel puede salvarnos de Samuel

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Algún amigo… bueno, varios, me tiraron cábula por mi origen nuevoleonés. Parece que de aquí pa’l real la sinécdoque será una constante para poner a los nuevoleoneses “fosfos” de vergüenza.

Eso de tener como eventual gobernador a un personaje que ha encarnado y magnificado prácticamente todos los defectos de los soberbios “regios”, que ha mentido desmesuradamente, que ha hecho las propuestas más absurdas para la administración pública, es más deprimente que nuestra mal llevada cuarentena epidémica.

Sin embargo, contra mis fraternos y burlones críticos, debo decir que estoy muy satisfecho, como ciudadano, por el resultado de las elecciones tanto en México, como en Nuevo León. Le comentaba a un buen amigo que tenemos una idea muy equivocada de la democracia. No se trata de que la mayoría, por consenso, elija a los mejores candidatos.

Eso no sucedió ni en Atenas. La democracia sólo es un consenso de las expectativas de la mayoría de los ciudadanos. Nuestro pacto político obliga ahora a todos, naranjas o limones, a aceptar ese consenso que llevó al joven Samuel García ser ya casi gobernador electo. En su momento, y una vez que jure su cargo, no tendré ningún empacho en llamarle “ciudadano gobernador” y otorgarle el respeto que merece, porque dejará de ser Samuel fosfo, naranja, matón, senatore, gobernatore, y demás estupideces, para ser el siervo de los ciudadanos de Nuevo León.

Yo no sé si se cumplan profecías apocalípticas que lo ponen, si no en el tambo, al menos a la mano de algún proceso judicial. Por si las dudas, al joven le urge conciliar intereses con la inminente legislatura local, por aquellos de los fueros. No vaya a ser el diablo. La eventualidad de que, por esos presuntos pendientes con la ley se llegue al extremo de anular la elección, puede parecer esperanzador para muchos, un borrón y cuenta nueva electoral.

Pero yo creo que los electores de Nuevo León ya dieron su dictamen, y eso es lo relevante. Y no, no tenemos ni conciencia social, ni madurez política y, además, somos la prueba fehaciente de que el presidente López se equivoca un poco, porque el pueblo no siempre es sabio.

Como los nuevoleoneses (y es posible que en su mayoría los nuevoleoneses jóvenes) han demostrado que son política y socialmente incompetentes e irresponsables, la única esperanza democrática que nos queda para salvarnos de esta sangrienta hecatombe de votos es… ¡Samuel García Sepúlveda!

¿Cómo así? Samuel García ha sido un político en 2D. Como candidato en campaña ha sido mediáticamente elevado al Olimpo, pero no dejó de ser inconsistente y contradictorio. Atinó al asimilarse a la parte más frívola y vergonzosa de la idiosincrasia regional. Movió a votar a miles de jóvenes y viejos encandilados por el show que desplegó. No aró la tierra, aprovechó la coyuntura que ya existía donde la clase media local, azuzada por intensas campañas de varios años, sigue aterrada ante la inminente pérdida de privilegios (Sí, los nuevoleoneses nos creemos clase media alta y bordados a mano). Alguna vez dije que Samuel no tenía poder de convocatoria. Creo que no me equivoqué, no la tiene. Los que votaron por él votaron por una fantasía y creo que ya no van a hacer mucho más. Regresarán a su vida normal y superficial. Lo más que puede hacer por la democracia esa perezosa legión es votar, no participar en el gobierno que eligió.

Aquí es donde Samuel García Sepúlveda puede cambiar las cosas. No creo que los reineros acepten que su “nuevo Nuevo León” sea un “nuevo Jalisco”. Hemos visto cómo se ha gobernado aquel estado y cómo, bajo el gobierno de Alfaro, la inseguridad y la represión se han convertido en los instrumentos para exprimir aquella naranja y sacarle no precisamente el jugo sino el dinero y la sangre. Aunque no lo acepte. Samuel García Sepúlveda sí tiene padrinos. Unos son evidentes por su filiación, otros son alarmantes presunciones. Ahí está la oportunidad de Samuel para corregirnos la plana a quienes no confiamos en él. Para empezar, deslindarse de sus padrinos.

Luego construir un gabinete plural e impecable. Y por supuesto, revisar sus “grandes propuestas de campañas” y depurarlas de la paja con la que las promovió. Gobernar también para y con la oposición (que son todos los partidos), y dejarse de pleitos con la Federación para promover acuerdos razonables. Una pequeña victoria rápida en el tema de los impuestos pesa más que una larga batalla con resultados a largo plazo. Que se sienta orgulloso de su partido pero que no olvide que no queremos que gobierne para él. De hecho, la chamba de consolidad MC en Nuevo León no es suya sino de su dirigencia nacional.

Estoy seguro que para el Samuel que conocemos, el que vimos en campaña, será muy difícil conciliar hacia dentro y hacia afuera del estado, pero es la única manera de empezar a consolidarse como un mandatario de respeto, no un bocón aliancista, no un guerrillero de los litigios, no un influencer. Será difícil porque esto implica reinventarse no sólo como político sino como persona. Algo que, por cierto, los ciudadanos también debemos hacer, por la epidemia y por el incierto gobierno que nos espera.

Así que, déjese de fiestas ciudadano García, empiece a definir desde ya el rumbo de su administración y a decirnos cuál será nuestro papel en ese gobierno (y espero que no sea pasivo). Necesitamos saber a qué atenernos.

Y para mis burlones amigos, les digo que, si Samuel García Sepúlveda toma posesión como Gobernador Constitucional del Estado Libre y Soberano de Nuevo León, ¡será mi gobernador!… Aunque no me guste.

Así es que síganle, aguanto la carrilla fosfórica. Yo no voté por él, pero los nuevoleoneses votaron por él, y este grupo social es mi superior jerárquico, no un gobernador, ni un presidente, ni un partido.

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