“El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos.”
-Erick Fromm.
Mariana Rodríguez es la esposa del gobernador en turno Samuel García. No la conozco personalmente y a Samuel quizás lo entrevisté un par de veces siendo él diputado y luego senador. Pero nada más. Lo que de ellos puedo decir es que, por principio de cuentas me pareció extraña la conformación de un gabinete tripartita, cuyas funciones estarían distribuidas en tres grupos que deberán coordinarse entre sí. Pero también es una novedad la oficina llamada “Amar a Nuevo León” encabezada por Mariana, que es una figura pública pero no una funcionaria pública, ya que por ley no podría serlo. Su cargo es de carácter honorario por ser la esposa del gobernador. Sin embargo,se dice que en política nada es casualidad.
Solo un día después de que la esposa del gobernador se presentara en el Palacio de Gobierno vestida como princesa de Disney, se ha divulgado en las redes sociales que Mariana se cortó el cabello en solidaridad con un niño que padece leucemia. Estos hechos han desatado todo tipo de controversias, porque muchos sostienen que los actos altruistas, caritativos, piadosos y compasivos deben hacerse con toda discreción y nunca exhibirlos o presumirlos. Este argumento está sustentado hasta en la Biblia: La frase textual es “No dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace la derecha”.
Se refiere a las buenas obras, que no hay que refregárselas en la cara a nadie, para luego exigirle lealtad, en búsqueda de sometimiento. Pero no se puede pasar por alto que, ese mismo Libro dice también que “Por sus obras los conoceréis” es uno de los mensajes de Jesús que recoge Mateo en los Evangelios. Lo decía Jesús en el Sermón de la Montaña para distinguir a los verdaderos de los falsos profetas.
En el caso de Mariana, la pregunta es: ¿Qué tanto es marketing político y qué tanto es auténtica calidad humana? Volviendo a la premisa de que en política nada es casualidad, creo que en el caso de Mariana en lo particular, sus acciones llevan implícitas ambas cosas. Recordemos que ella es una figura pública, una “influencer” y como tal su función (sin ser funcionaria), es influir en las personas que la siguen o la persiguen. Así el objetivo de sus acciones y de sus actos, -si ha de ser congruente con su función honoraria como quien encabeza “Amar a Nuevo León”- es mostrar conductas y actitudes, acciones emblemáticas, que sirvan de modelo de lo que para ella significa amar al estado. Para lograr eso y desde esa posición resulta indispensable que sus acciones se difundan y se den a conocer al mayor número posible de personas; ya que de otro modo, no podría influir sobre las masas.
Los llamados “seguidores” tienden a imitar o emular las conductas de los influencers que llaman su atención y si se logra que éstos repliquen acciones altruistas, caritativas, generosas, sensibles, consideradas, solidarias, compasivas y orientadas al bien común; las personas irán adoptando una “cultura del amor” basada en la satisfacción de dar, independientemente de que sea por pose, por moda, por imitación o por auténtica convicción. Las acciones emblemáticas sirven de modelo y como dice el refrán popular: “La palabra instruye, pero el ejemplo arrastra”.
El Presidente John F. Kennedy decía: “No preguntes qué es lo que tu país puede hacer por ti; mejor pregunta qué puedes hacer tú por tu país”. Finalmente el amor, en todas sus formas, se trata de dar, más que de recibir. Y para concluir, debo agregar que poco importa si el motivo de Mariana es auténtico o mero marketing político o un poco de todo. Una buena acción es mejor que cualquier discurso. Lo importante es que haya congruencia, consistencia, continuidad, y coherencia entre el decir y el hacer.

