Delirios futuros de grandes

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Como todo en la vida, hay diversidad de pensamientos, filosofías, vaya, de maneras de ver y vivir este tiempo que llamamos vida.

En esta convulsa metrópoli llamada Monterrey, tenemos un estilo de vida cada vez mas acelerado, donde buscamos atajos para sortear los problemas de la vida, trabajo, escuelas, tráfico e inseguridad entre otros; esto permea en nuestras expresiones en diversos ámbitos y uno de ellos es el futbol.

Desde que Rayados y Tigres comenzaron a recibir el apoyo de dos de las empresas más importantes no solo a nivel local, sino nacional e internacional, como aficionados nos hacemos ilusiones que rayan en delirios de grandeza para los cuales no estamos ni cerca debido a que nos falta algo llamado tiempo.

Tiempo de resultados continuos, de ganar campeonatos nacionales e internacionales, de dar miedo de local y de visitante.

La ya famosa rivalidad con la capital no es porque en esta zona metropolitana queramos igualdad de trato que los equipos denominados grandes, sino que queremos sustituir a esos equipos, en esta ciudad y como en muchos movimientos, queremos ser los papás del futbol mexicano, nos gusta que nos marquen a favor y no en contra, las conspiraciones son para denostarnos y afectarnos y todo argumento es a nuestro favor, los demás lloran y nosotros somos justos en los reclamos.

La historia nos muestra que aún con las inversiones más cuantiosas, la historia no se compra, la grandeza no se adquiere y que la continuidad sólida de buenos resultados hará que más allá de nuestras locales fronteras llamemos la suficiente atención para que las aficiones rivales quieran saber de nosotros como nosotros de ellos.

Los “bombazos” en contrataciones ayudan, más no garantizan, pero sí te acercan al escaparate nacional e internacional provocando que volteen a ver a tu equipo; el estilo de juego y estilos que dominen al rival ayudan a subir escalones en la preferencia del público.

Ayuda poco la inmediatez en que queremos los resultados, si bien es imperante generar una sana presión, esperar resultados acorde a la inversión no solo del equipo de preferencia, sino la que hace el mismo aficionado, en esta ciudad llegamos fácilmente al insulto cobarde, a creer que por tener cable e internet sabemos más de futbol que los profesionales y a darle pie a los generadores de contenido locales, para mantenernos al límite de la razón al tener análisis diarios de algo que podría ser fácilmente analizado cada mes o cada torneo.

Mientras por un buen resultado queramos firmar a alguien 5 años y por un mal resultado amenacemos con cabezas en hieleras, como afición, como público o como meros consumidores no tendremos la estabilidad emocional para disfrutar de un deporte convertido en espectáculo y finalmente en negocio de unos pocos que dependen de la locura de otros muchos.

La afición es la carne de cañón, si bien la tendencia ha sido el exigir, nos ha faltado la sencillez de las maneras para provocar verdaderas acciones que provoquen un crecimiento mas allá de lo económico en nuestros heroicos clubes locales.

Como en las relaciones, mientras haya pelea, se sabe que te importa la contraparte, pero cuando hay un dejo de ser ignorado, es cuando el otro busca la manera de volver a llamar tu atención, y es aquí donde la gente, el pueblo, la afición o la hinchada tiene el poder de influir más de lo que piensa sin tener totalmente al deporte como a un desahogo personal y si como una manera de generar conciencia, generar convivencia y sobre todo de representar la marca de la localidad atrayendo atención, público y hasta turismo.

Tiempo al tiempo y ojalá que este tiempo de mundial sirva para una buena planeación a los equipos locales y de relajación para la afición.

El saber hacia donde se quiere ir ayuda para exigir de manera inteligente, sino será meramente un ruido sin sentido. ¡Saludos Desde el sillón!

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