Estamos iniciando un nuevo año y los argumentos anti taurinos se siguen escuchando en diversos foros y con distintos tonos, que señalan entre otros, al sufrimiento del animal, a actos sangrientos, a costumbres en desuso y ancestrales y el interminable etcétera, etcétera.
Por su parte los defensores de la fiesta, siguen fundamentando su dicho en definir a las corridas de toros como actividad artística, como expresión cultural popular, y en defender a la especie animal “toro bravo” en peligro de extinción, sin hacer a un lado el as bajo su manga, “las corridas de toros son una bella y arraigada costumbre ancestral” con orígenes españoles.
Lo que es un hecho es que la polarización existente entre ambas partes ha llegado no solo a dirimir en tribunales controversias jurídicas poniendo en jaque a jueces y magistrados quienes tendrán que decidir si ya multicitada “costumbre ancestral y popular” viola de alguna manera preceptos legales que pudieran afectar los “derechos” de algunos, causando con ello, un ir y venir que parece interminables de posturas, criterios, percepciones, ideas y argumentaciones legales que no han tenido fin.
El tema en torno a la celebración de los festejos taurinos, se ha tornado mayúsculamente ríspido, con serios matices pasionales en la que la subjetividad en todos sentidos, impera irremediablemente, sin plantearse un debate serio y racional, por el contrario la complicada pugna entre los taurinos y los que no lo son, se ha sido manchado con injurias, mentiras, descalificaciones y diversos tipos de violencia que han sumido en el maloliente barro el buen entendimiento y la racionalidad que pudiera abrir caminos de solución.
En todo esto han participado, políticos, partidos, abogados, grupos ecologistas, pro animalistas, toreros, ganaderos y asociaciones taurinas quienes siguen enfrascados en un incruento pleito aderezado de sensiblerías y falto, de un verdadero conocimiento de lo que en esencia la Fiesta Brava y de lo que representa cultural, económica y socialmente las corridas de toros.
Es un hecho que de todo este pleito, el Derecho democrático de las personas a aficionarse a un espectáculo lícito, se ha ido lastimando profundamente mediante los procesos legales al haberse aplicado en ellos, criterios y puntos de vista de personas que carecen de total conocimiento de lo que pretenden juzgar, negándose a tomar en cuenta, elementos importantes como son la historia y las tradiciones de un pueblo como el nuestro, como si fueran letra muerta condenadas a las tumbas del olvido.
Cuando dichas tradiciones y costumbres como es la celebración de festejos taurinos han permanecido en México, como patrimonio cultural desde hace más de dos siglos.
Quizá la argumentación de que las corridas de toros, son parte de nuestra cultura no tenga un gran peso en la postura irreflexiva de los anti taurinos, pero existe otra que si debieran considerar… si de veras luchan por evitar el sufrimiento de los animales, deben saber que con sus inconscientes posturas podrán quizá erradicar las corridas de toros, y con ello la extinción de la especie llamada “toros de lidia”, además de que si ello ocurre, se perderán miles de empleos en perjuicio de la economía de miles de familias y de un sector productivo del país.
Ojalá las pasiones desbordadas encuentren una vía del dialogo y del entendimiento y que el derecho democrático de ser aficionados a los toros, sea respetado.
El derecho democrático de ser aficionado a los toros


