Texas, EU.-
Residentes cercanos a la frontera sur de Texas expresaron sus temores a que la barrera de 5 metros de altura erigida por el gobierno federal pueda provocar accidentes.
La valla de unos 5 kilómetros de largo, construida durante la administración del ex presidente, Donald Trump, de acuerdo con los habitantes del sector no fue edificada respetando las normas medioambientales y de seguridad del entorno, por lo que una inundación podría debilitarla, poniendo en riesgo a los habitantes de algunas ciudades como Mission, Texas.
Además, de acuerdo con el diario The New York Times, debido a su ubicación y construcción a lo largo de la orilla del agua, en el delta del río Bravo y los posibles fenómenos climatológicos podrían mover el la posición geográfica, dejando este sector en el lado mexicano.
A los litigios interpuestos por organizaciones como el Centro Nacional para las Mariposas, que tuvo que cerrar temporalmente y el cual ha solicitado la demolición, se suman quejas del Departamento de Justicia a la empresa constructora del Muro Fronterizo de nombre Fisher Sand & Gravel Co. por la violación de un tratado internacional.
Los residentes de esa zona argumentan que existen fallas en la construcción, causando una erosión que pondría en riesgo la seguridad de personas que deben transitar el área porque tienen cerca sus viviendas y tierras de cultivo y ganado.
De acuerdo con José Alfredo Cavazos, de 73 años de edad, antes de tener un muro tapando su propiedad, la gente solía ir al río Bravo para refrescarse, pero ahora la zona está fuertemente controlada por elementos de la Patrulla Fronteriza. Reconoce que cada vez les es más difícil pescar o navegar en bote, por la inaccesibilidad del terreno.
Los ingenieros que estudiaron la construcción de la valla por encargo del Departamento de Justicia llegaron a la conclusión en un informe de 400 páginas de la empresa de ingeniería Arcadis de que, en caso de una gran inundación, el muro “en esencia se deslizará, volcará y flotará”.
El señor Cavazos, quien ha permanecido la mayor parte de su vida en este lugar, considera que no debió hacerse una construcción junto a un río caudaloso.
La firma concluyó: “Es probable que en materia de ingeniería la valla no sea apta para su uso bajo todas las cargas de servicio razonablemente anticipadas”, es decir condiciones ambientales como nieve, viento, lluvia, terremotos e inundaciones.
Sin embargo, el anterior gobierno federal desoyó recomendaciones y siguió construyendo parte del muro para detener el flujo migratorio, siendo una obra presumida por el ex mandatario Trump.
La valla se encuentra justo afuera de una parte relativamente urbanizada de la frontera, en el valle del Río Bravo, uno de los lugares donde ocurren más cruces ilegales. En la época de su construcción, cruzaban más personas por el valle del Río Bravo que por cualquier otro lugar de Texas, aunque a últimas fechas se han registrado cifras mayores más al noroeste, en los alrededores de Eagle Pass y El Paso.
Casi desde el momento en que se levantó la valla, Marianna Treviño Wright, directora del centro para las mariposas, ha observado grietas en el muro y erosión a lo largo de la ribera.
“El río va a seguir reclamando su orilla”, opinó mientras viajaba en bote a lo largo de la barrera y señalaba las zonas en las que, según ella, parecía que habían transportado tierra y rocas nuevas para reemplazar lo que se había llevado la corriente. Y también temen que un día el muro se les venga encima.


