Crímenes de odio

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Un “crimen de odio” es un acto violento cometido contra una persona o un grupo de ellas, motivado por un prejuicio basado en el sexo, origen étnico, color de piel, discapacidad o religión, aunque estas serían las razones más frecuentes, no son las únicas; cada vez hay más causas por las que se comente un “crimen de odio”.

En medio de un clima de intolerancia, incluso pensar diferente, se vuelve un factor de peligro en una sociedad que se ha ido acostumbrando, con indolente indiferencia a la violencia.

Nos hemos adaptado a la crudeza de la realidad, como un mecanismo de defensa. Ante la información que llega directo a nuestro hogar, a través de redes sociales, noticieros, series y películas, vivimos anestesiados.

Este tipo de actos en los que se llega a quitarle la vida a otra persona son cada vez más frecuentes, pero de vez en cuando, salta a la prensa algún caso que evita que giremos el rostro con indiferencia, y quizá, hasta nos arranque una lágrima.

Un crimen de odio tiene el potencial de hacernos dudar hasta de los sentimientos más fuertes, como el amor entre familia, como sucedió con el crimen de Lucio Dupuy, en Argentina, cuya muerte no deja a nadie indiferente, no solo porque un caso de maltrato infantil siempre es indignante, sobre todo cuando es la propia familia quien ejecuta estos actos, también porque el asesinato fue considerado un crimen de odio; Lucio fue torturado y asesinado a golpes por dos mujeres por ser varón.

Vemos así que un crimen de odio, contra una mujer, un niño o un hombre, como el ocurrido en España, cuando al sacristán Diego Valencia le arrebataron la vida a machetazos por cuestiones religiosas, se vuelve un crimen contra toda la humanidad, porque lacera la confianza y la empatía que nos debe de unir como sociedad.

Es común que al conocer estos excesos de crueldad, estemos tentados a perder la confianza en el ser humano, y por ende, sin ser consientes nos volvemos parte de ese problema que es la indiferencia, que se refleja en esa capacidad de leer sobre un crimen atroz y después pasar a una nota de espectáculos, mientras tomamos un trago de café.

Sin embargo, hay otro camino posible, ante la violencia y el arrogante egoísmo que impera hoy en día, si apostamos por la continuidad de la vida, por un mejor presente y mañana para los que vienen, tenemos que ser capaces de un acto de rebeldía, de un acto de desesperada sobrevivencia; tenemos que apostar por la empatía.

En tiempos de crímenes de odio, nada hay más esperanzador que ver un acto generoso y desinteresado, como el ayudar a una persona a cruzar la calle, tratar con amabilidad a los ancianos, hasta descubrir la parte heroica de cada persona que le hace capaz de poner en riesgo su vida por salvar a alguien más.

Debemos recordar como mirar con ojos que traspasen las apariencias, apostando por la generosidad, y de esta forma en un mundo caótico, realmente seriamos revolucionarios.

Aquí viene bien esta frase del escritor Graham Greene, “si conociéramos el verdadero fondo de todo tendríamos compasión hasta de las estrellas.”

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