Una final más… para San Nicolás

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Que si el arbitraje, que si fue polémico, que si las fallas, que si casi entra, que si jugaron mejor, que sí, que sí, que sí. Los grandes encuentran la manera de ganar, lo traen en el ADN, lo sienten en la piel, lo palpan en la cancha, lo demuestran en la mentalidad, cuando parece que están noqueados, se levantan y tiran un jab para ganar.

La institución felina, la de San Nicolás, ha encontrado ese ADN, esa mentalidad para ganar, no solo partidos sino eliminatorias, no solo cuartos y semifinales, sino campeonatos.

La mentalidad perdura, se permea y demanda de los actuales y venideros jugadores que se alineen hacia un objetivo que entregue más trofeos a una institución que no solo ha logrado campeonatos, sino que entendió como llegó a dicha posición y ahora ha podido repetir una y otra vez en los últimos años.

Quienes tienen logros de forma fortuita, o sin analizar como llegaron a ciertas alturas, quienes no entienden o aprenden del camino recorrido, quienes no tomaron notas para repasar el triunfante andar, son los que se han quedado en el intento de subir a ciertas alturas donde no puedes tener vértigo so riesgo de caer hacia el punto previo.

Semifinales, clásicos, presión, canchas rivales, arbitrajes tendenciosos, no importa la excusa o la razón, si como jugador, entrenador o directivo no se entiende que éste y cualquier otro deporte está lleno de irregularidades a vencer, entonces no sabrán repetir lo que los grandes tiene memorizado y tatuado en la piel, el ganar a toda costa.

En San Nicolás se viene otra final en la rama femenil, en la varonil tiene grandes posibilidades, instancias que los aficionados agradecen, que da prestigio, presencia en medios y redes sociales, que eleva el ego y permite dar voz a quienes quisieran que los de la “U” sean considerados grandes, que entren al Olimpo de la Liga MX.

Si son grandes, chicos o medianos, las finales se siguen jugando en San Nicolás, si el arbitraje, la tribuna, la cancha, el clima o hasta la astrología china, no importa; si es un francés o una mexicana, está de más, porque la final es de nuevo en San Nicolás.

Cuando la cancha da lo necesario, la mercadotecnia se regodea, los aficionados se manifiestan y los medios hacen fiesta. Estar en una final es único, llena corazones y satisface hasta los paladares futbolísticos más exigentes, eleva la productividad laboral y cambia el humor de los mas enojones de los conductores, los choferes del transporte ceden el paso y hasta los tránsitos dejan de morder, aunque sea 5 minutos.

El fútbol tiene un impacto mayor en una sociedad que ha encontrado en este deporte, un medio de desahogo, una manera de sacar frustraciones y, sobre todo, una manera de presumir algo de un estado cuya ebullición ya trasciende a nivel nacional.

Mientras los dueños de esta institución sepan como han logrado llenar sus vitrinas de trofeos, lograrán repetir una y otra vez hasta que los rivales entiendan como enfrentar a un equipo cuyos jugadores han saboreado las mieles del triunfo y no desean compartirlo.

Un campeonato es casualidad, 5 o más es una tendencia, mientras las demás instituciones y sus aficionados crean que todo es por el arbitraje, por conspiración o por decreto divino, seguirán en una mediocridad buscando su próximo golpe de suerte.

Que tendrá San Nicolás que otras ciudades no, se puede intuir que la gallina de los huevos de oro, y esto es una institución que entendió como ganar y no compartió el secreto.

Tiempo al tiempo, mientras las Amazonas ya están en la final, Gicnac afilas las garras y entre América y Rayados son quienes pueden tener algo que decir al respecto.

Se viene la Navidad, será amarilla capirucha o amarilla San Nicolás…tiempo al tiempo.

¡Saludos desde el sillón!

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