Me encuentro desde la semana pasada en modo “detective creativa” buscando prendas para complementar el outfit de mis bendiciones que finalizarán dentro de unos días sus cursos de verano con la presentación de un festival retro.
El evento incluirá números en música, teatro y danza, ambientado en diferentes épocas y a mis retoños les tocó 70s y 80s.
Todo podría ser tan fácil como pedir un disfraz por Mercado Libre, o acudir a una tienda de disfraces, pero, ¿perderme el gusto de encontrar cosas que puedan reutilizarse, a precios muy bajos y sentir esa sensación de triunfo al encontrar gangas?, ¡jamás!
Casi terminaba con el atuendo de los 80s, solo me faltaban unos tipo guantes de red, creo que tienen otro nombre pero no sé cuál sea, así que después de buscar en varias tiendas decidí llegar a una ubicada dentro de las instalaciones de un conocido súper, en la colonia Ribereña.
La tienda de las llamadas “chinas”, tenía gran cantidad de artículos de varios tipos y estaba casi segura de que ahí podría encontrarlos.
Y si, ahí estaban, en color naranja fosforescente como los necesitamos.
Muy bien surtida la tienda, pero el ambiente ofrecido pésimo, y es que a veces a los empleados se les olvida que no están en la comodidad de su hogar, sino en un sitio en el que reciben a personas de diferentes edades, a las que se les debe un respeto.
Y no es que uno sea persinado, saque el rosario y se pegue en el pecho repitiendo “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”, pero parece que ahora ya nadie toma en cuenta la frase de “para todo hay un momento y un lugar”.
Me chuté la búsqueda con mi jeta estoy segura que hasta el piso, y es que mi cara tiene esa costumbre de ser muy expresiva y, o una de dos, o vomitaba o mis gestos faciales demostraban el asco que me provocaba lo que escuchaba, así que fue lo segundo.
Y así llegué a la caja para pagar 25 pesos (les digo, ¡una ganga!) de los guantes, mientras la joven cajera cantaba alegremente y muy emocionada una canción que no sé de quién era, pero sonaba como a corridos tumbados.
En ella el “cantante” en cuestión decía tooodo lo que le haría o extrañaba hacerle, no me acuerdo, a su amada, y no, no lo decía en sentido figurado, sino en uno muy literal.
Y así decía muy explícitamente, lo cual claro no puedo hacer aquí porque no quiero una sanción, pero incluía un encuentro en la parte trasera del auto, y muchos detalles de cómo quedaría su ropa interior, entre otros pormenores.
La chica sin pena ni gloria y muy sonriente dominaba a la perfección la letra, y yo sentía como la molestia se apoderaba de mí, pero antes de nada miré a mi alrededor, yo iba sola, no llevaba a mis hijos, y no había niños en el lugar, así que me tragué el malestar, pero de no ser así, por supuesto que hubiera hablado.
Mis hijos no hubieran entendido lo que se decía en la canción, pero independientemente de eso, hay cosas que son correctas y cosas que no, el problema es que la gente va por el mundo valiéndole la vida y lo que está a su alrededor.
Así valiéndole la vida hacen lo que les da la gana sin importarle o detenerse a pensar las consecuencias, no solo a corto, sino a largo plazo que eso tendrá en todos y cada uno de los miembros de la sociedad de la que TODOS formamos parte.
Traducción: lo que haga fulanito si me afecta, lo que haga perenganito repercutirá en este ambiente del que formo parte.
Pero bueno, de momento no importa, seguramente así piensan muchos, pero cuando las consecuencias nos alcancen y se coseche lo que estamos sembrando, entonces si estaremos todos listos parque quejarnos.


