A principios de los años 2000, la directiva de los Rayados encabezada por Jorge Urdiales, si no me equivoco, aplicó una medida que marcó una pauta para cambiar la mentalidad de los jugadores:
Pagar una parte de su sueldo por objetivos, a diferencia de cómo sucedía en épocas anteriores, en las que el jugador tenía asegurados sus ingresos sin importar cuántos partidos había jugado ni cuál había sido su rendimiento.
El ingreso por objetivo iba de acuerdo a la función del jugado. A los delanteros, por ejemplo, se les pagaba esa parte de acuerdo a goles anotados o pases.
La medida, como cualquier innovación, trajo algunos detalles, como cuando Jesús Arellano y Walter Erviti, se agravaron una lesión por no descansar, y por ende les pegó en la parte del sueldo que se pagaba por rendimiento.
Pero en términos generales la medida sí mejoró los patrones de conducta de los jugadores. Otra medida que se estableció fue establecer las primas por paquetes de cuatro partidos.
Si el equipo gana los 16 puntos, era una cantidad para cada jugador; si ganaba 12, era otra cantidad. De acuerdo a lo que se sabe, esas medidas siguen aplicándose, pero al parecer ya no impacta de la misma manera.
También se buscó cambiar la mentalidad entre el personal administrativo para que se respirara en el ambiente otro tipo de ambiciones.
“Una secretaria se sentía contenta porque el equipo había llegado a la Liguilla”, me dijo un directivo por aquellos días, en relación de que los empleados se conformaban con que el equipo alcanzara meta.
Hoy, el Club de Futbol Monterrey ha adquirido otros patrones colectivos que parecen han instalado a los jugadores en la comodidad, lo que se refleja en la falta de hambre por morirse en la cancha.
Así que parece necesario establecer nuevas medidas que sacudan el ambiente.
Por lo regular esos patrones culturales o colectivos se establecen por una serie de medidas que se van aplicando o hábitos que se van desarrollando, como los altos salarios, la fama, las comodidades que brinda la institución en su afán de hacer sentir bien al jugador, el perfil del jugador (un jugador buena persona, que siga las reglas).
Esos factores van dando forma a la cultura colectiva, que va echando raíces a veces de manera imperceptible, como la rana a la que se mete en una vasija con agua, y se le va incrementando la temperatura de manera gradual, casi imperceptible, hasta que muere por el calor.
Ahora es tiempo de sacudir esos patrones de tal manera que se establezcan nuevas creencias colectivas que impulsen a los Rayados a ocupar el lugar al que está destinado a nivel continental.
Ha llegado el momento.


