Tokio. Japón.-
El “país del sol naciente” es considerado líder mundial en tecnologías anti-calor. Quien llega a conocer el archipiélago nipón, puede enfrentarse a varios retos: las altas temperaturas, la humedad, el idioma y la aventura de explorar los mostradores con todo tipo de artículos para enfrentar el verano.
Lo primero es refrescar el cuerpo. Existen lociones y espray con ingredientes refrescantes “cool”; camisetas con materiales frescos; ventiladores portátiles económicos (con contenedor para hielos, que permiten rocío fresco en la cara); otros ventiladores más modernos de batería son el artefacto más común entre los jóvenes. No hay que buscar mucho. Un salón de clase permite ver en cada mesa el aparato que salva a los estudiantes en el camino a la universidad. Según datos del fabricante Francfranc en Japón: “más del 60 por ciento de gente todas las generaciones ha comprado este tipo de ventiladores de mano” que suelen costar entre 3 mil y 4 mil yenes (20 a 27 dólares).
Otros recursos son las bandas de gel para cuello y cabeza; almohadillas absorbentes para el sudor de las axilas; adhesivo refrigerante; guantes de enfriamiento que llegan a los vasos sanguíneos a través de las extremidades; o las cada vez más comunes Kuchofuku, chalecos y chaquetas con ventiladores integrados que evaporan el sudor y son de gran ayuda para quienes trabajan en espacios exteriores.
Por supuesto, Japón cuenta también con grandes compañías de aires acondicionados modernos. Pero, el calentamiento global y el alto consumo elevan las tarifas de la electricidad.
Según la Agencia Meteorológica de Japón, la temperatura más alta registrada en Tokio en lo que va de julio de 2025 ha superado los 33.5º Para Japón, estos récords de temperatura alta impactan en el consumo eléctrico.
Aunque hubo algún tipo de ayuda en el pasado, según las diez grandes empresas eléctricas de Japón, el subsidio gubernamental terminó en marzo de este año. Se estima que una familia promedio gasta más de 9 mil yenes (60 dólares) al mes en electricidad. Y la falta de apoyo afecta especialmente a quienes viven solos, como muchos estudiantes. Varios entrevistados en la Universidad de Estudios Internacionales de Kanda comentan que la vida se pone cada vez más cara.
FRESQUITO TRADICIONAL
¿Qué hacer cuando el verano no perdona? Fuera de la electricidad y las tecnologías, Japón recurre a sus tradiciones, para refrescarse utilizando los cinco sentidos.
Frente a los populares artefactos de baterías, no faltan en las calles las damas que caminan con kimono o trajes típicos, sin dejar de lado las sombrillas de papel arroz, llamadas higasa.
Para asegurar una casa fresca, la historia japonesa es larga, y desde hace más de mil años se utilizan las persianas de caña o bambú conocidas como sudare. Además de refrescar el ambiente, ayudan a conservar la luz, y a protegerse de los insectos. Tan importante es este tipo de cortina que existe un “Museo del sudare”, donde se pueden conocer tipos como el misu, una cortinilla para el estilo de las residencias aristocráticas o residenciales en periodos antiguos. Desde aquellos viejos tiempos se utilizaban para crear un espacio que se integraba con el jardín, y al mismo tiempo impedía la intrusión desde el exterior. Y hasta la fecha se consideran una buena alternativa para crear un espacio confortable y ahorrar energía.
CAMPANAS AL VIENTO
Otra de las tradiciones son las campanas de viento huurinn. Son uno de los símbolos del verano en Japón. Se trata de una serie de campanas pequeñas que producen un sonido con el viento, y psicológicamente dan sensación de frescura.
El Centro de la Nagano para Acciones sobre el Cambio Climático lo explica de esta forma: “La razón por la que nos sentimos frescos cuando oímos el sonido de las campanas de viento es porque el viento sopla, y el sonido de las campanas de viento contiene fluctuaciones que inducen ondas alfa (las ondas cerebrales que ocurren cuando estás relajado), lo que genera una sensación de paz. Este tono contiene los mismos sonidos de alta frecuencia que el sonido de un arroyo balbuceante o el canto de los pájaros”. En otras palabras, se envía un mensaje del cerebro a los nervios periféricos, lo que hace que la temperatura corporal descienda.
PECES DORADOS
Existe otra idea para mitigar el calor: jugar a la pesca. Específicamente de peces dorados llamados kingyo. Este tipo de pez ornamental es originario de China. Comenzó cuando la carpa salvaje empezó a cambiar de color, y las personas empezaron a asociar sus colores con la protección y las riquezas.
Es una práctica popular en festivales de verano, por el gusto de meter las manos al agua. Según una investigación de la ciudad de Toshima, esta práctica es refrescante. Aunque no se dan muchos argumentos científicos, parece ser placentero para algunos japoneses participar en los festivales de esta estación. Y muchas memorias de estas fiestas se centran en el juego de pescar pequeños peces dorados. Hay gran cantidad de mesas donde los niños y sus padres intentan capturar en un recipiente alguno de estos peces para llevar a casa.
A la salida de un festival, no faltará quien vuelva a casa en sus suecos y yukata (traje tradicional del verano), refrescándose con un abanico típico paipái y degustando un raspado llamado kakigori.
Estas y otras prácticas tradicionales subsisten milagrosamente en un Japón moderno y de alta tecnología, pero que no han renunciado a sus viejas formas de enfrentar el calor.
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Elaborado por alumnos de español de la Universidad de Estudios Internacionales de Kanda (KUIS), Japón: Fumiko Ogawa, Yuzuki Arai, Anri Ikeda y Silvia Lidia González (profesora).







