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Pregunta seria: ¿Los entrenadores decretaron que ya no existían más los números 10 nada más porque se les ocurrió, o simplemente porque son una especie en extinción en el fútbol mundial?

El fútbol siempre es el mismo… pero hoy se privilegia el músculo sobre el talento. Los preparadores físicos trabajan más en el gimnasio que los entrenadores de fútbol corrigiendo y puliendo técnica y habilidades con el balón. Claro que es importante el físico, pero es parte de un todo; no me sirve un tipo muy fuerte y muy rápido, si no sabe qué hacer con la pelota. Tiene más posibilidades un jugador que sin ser una masa de músculos, sepa dónde pararse, a dónde moverse y a dónde hacer que llegue el balón.

El Tri no tiene hoy ese jugador. Bueno, lo tiene, pero está en proceso. Se llama Gilberto Mora y es, por mucho, el más talentoso de los jóvenes mexicanos que pueden diseñar y ejecutar una jugada ofensiva.

Ante Japón, vimos un equipo mexicano que poco a poco toma forma. Se le ve más personalidad al grupo. Una defensiva que con Montes y Vázquez tiene más solidez; laterales como Gallardo y Sánchez que ante los nipones se comportaron a la altura; un mediocampo un tanto poroso y con escasas luces para generar fútbol hacia el frente.

Edson sigue siendo vital ahí en medio; el problema son todos los demás que tiene alrededor. Ni Orbelín, ni el frágil Marcel Ruiz, ni Rodríguez, ni Sánchez tienen –en una opinión muy personal, que puede incluso estar alejada de la realidad– el peso exacto para dar el kilo.

Claro que están ellos porque no hay más. Y puedes poner a Vega, a Alvarado y Jiménez, o a

Lozano a Berte y Santi… y si quieres agrégales a Huerta, a Láinez y a Quiñones y a Sepúlveda y a Henry, y al Memote, o ponerlos a todos juntos Va a ser lo mismo. El problema no es quien la meta, es quién va a pensar, a generar, a diseñar en su cabecita la penúltima jugada para conectar con los 3 mil atacantes que tienen…

El partido en sí, desde ese punto de vista fue desastroso para México.

No sé que hayan dicho los paleros pagados del Tri, –ni me importa– pero acá vimos un equipo chimuelo, sin idea, sin luces. Un triste remate dentro de los tres palos de parte de los mexicanos sobre el arco nipón y lo hizo Lira, con un débil cabezazo que Suzuki le echó crema para no aburrirse y se lanzó, como Mateo Bravo, que el balón le iba a la manos y él daba dos pasos al lado contrario para luego poder lanzarse y lucir en la foto.

Un tiro desviado de Alvarado que le tumbó la torta a un señor panzón en la tribuna y un disparo cruzado de Berte que se fue. Pero al arco, al arco, un pálido remate de Lira y paremos de contar.

Japón le quitó el balón y lo hizo recular muchas veces; cuando se aburrían de tener el balón se los entregaban a los mexicanos, para luego volver a quitárselos.

Cuatro o cinco oportunidades de gol elaboró Japón con lanzamientos profundos al espacio; un remate que se fue arriba, una salida oportuna a los pies del rival y un disparo que atajó Malagón y que iba al rincón.

Lo preocupante no es el resultado, es que, gracias a FIFA México tiene su boleto en la bolsa, lo que no trae es el futbol suficiente –en este momento– para competir dignamente en una justa mundialista. Japón lo ratificó.

Si no tienes creativos, es decir un orquestador que genere juego y un director técnico que le sepa al asunto, van a seguir igual.

Les pueden decir misa, hoy este Tri está limitado… muy limitado.

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