El arte y la cultura transforman.
Bad Bunny se convirtió en el transcurso de un show de 20 minutos en un héroe de la comunidad latina en todo el mundo, con una explosión de música en el centro del mundo.
El puertorriqueño de 31 años produjo un cambio y remeció conciencias, pero lo hizo pacíficamente, de la forma más noble que se puede esperar de un intérprete: con canciones que por unos minutos arrullaron la bestia de la belicosidad que recorre el mundo. Con las cámaras de transmisión global sobre él, en horario estelar pudo sacar una pancarta para condenar con un texto la discriminación; pudo gritar, con resentimiento, resentimiento contra la autoridad opresora. En lugar de eso, simplemente cantó y con ello clavó su estandarte de conquistador, en una tierra que rechaza a la gente que no llega por la aduana.
El estadio Levi´s, en Santa Clara, California se convirtió en el corazón del planeta el domingo 8 de febrero. Se reporta que más de 140 millones de personas se unieron a la emisión en vivo del Super Bowl LX, el juego de campeonato de futbol americano organizado por la NFL, la mejor liga del globo.
En el emparrillado Seattle le ganó 29-13 a Nueva Inglaterra. El partido fue uno de los más desabridos de los últimos años. El show fue el más caliente de la historia.
El reguetonero nacido Benito Antonio Martínez Ocasio, transformó sus pegajosas melodías de trap latino en un arma de encantamiento masivo, que metamorfoseó el espectáculo de este domingo en el más político de todos los shows del medio tiempo, evento que ya está incorporado en la agenda de la cultura popular como día de celebración mundial.
El también llamado Conejo Malo convirtió su presentación en un pronunciamiento libertario y en una declaración de inconformidad ante las políticas migratorias establecidos en Estados Unidos, país del que también es ciudadano por el solo hecho de haber nacido en Puerto Rico, estado libre asociado de la Unión. Es pública la animosidad que hacia él siente el Presidente, quien más de una vez ha amenazado con retirarle el estatus de ciudadanía a sus adversarios, incluso los que vieron la luz en suelo nacional. Protegido por las leyes, Benito pudo expresarse sin restricciones. No se le puede echar del país, ni retirarle la nación a un ciudadano por nacimiento, como él.
Sorprendentemente, dada la trascendencia de la presentación, sus canciones no fueron temáticamente disruptivas. Ningún político estadounidense tuvo el pretexto para escandalizarse con el espectáculo. No dijo nada impropio. Más bien fueron una exhibición de la simpleza discursiva del boricua que, con letras básicas, a veces superficiales, ha fascinado a su legión de seguidores. No puede presumir gran voz, pero tienes más de 50 millones de suscritos en Instragram.
Cantó esa tarde: Titi me preguntó, que se refiere a un chico que tiene muchas novias; Ella perrea sola, exalta el deseo sensual por una mujer; Nuevayol, muestra lo que vive un latino en la Gran Manzana; Lo que le pasó a Hawaii (cantada por Ricky Martin, con letra de BB) se refiere, desde el título, a la colonización de la isla, a finales del Siglo XIX, anexada ahora como otro estado del país; En Dtmf (debí tirar más fotos), lamenta no haber atesorado más recuerdos memorables.
Cuando terminó el performance, lo que quedó no fue una estela de letras explosivas o una manifestación vindicativa por la comunidad latina o de cualquier otro grupo étnico migratorio, que se ha quejado de la oleada xenófoba de la actualidad. Nada de eso. Solo hubo canto y coreografías sensacionales.
El significado mayor de la tardeada fue el idioma español, en el que la estrella interpretó todas sus rolas. Todo el escenario fue una dramatización colorida y festiva de la vida comunitaria de su país que, por extensión, representa a toda Hispanoamérica. Se vieron estampas cotidianas del barrio, el tendajo de la esquina, el vendedor ambulante, los boxeadores, la boda, la pequeña empresaria, los ancianos en tertulia. Fue una franca celebración de la identidad.
El marketing también asomó las narices en la fiesta, pues uno de cada cuatro extranjeros que hoy pisa la tierra del Tío Sam es de origen mexicano y México es el país que aporta más clientela a la NFL fuera de EU. La Liga impulsa la iniciativa Por la Cultura, para atraer más seguidores entre los países de América Latina. Los dueños de los equipos jamás van a impedir que el ovoide circule libremente entre los fanáticos de esta o aquella nacionalidad que hagan sonar la caja registradora.
Con un gobierno federal que abiertamente rechaza la migración y que expulsa indocumentados a los que se les tilda de ilegales, Bad Bunny se dijo orgulloso de ser uno más de ellos, aunque él sí tenga papeles. Gritó, a través de su música, lo que siempre se ha sabido, que América no es Estados Unidos, pues cada habitante de cualquier país del continente se puede llamar americano. Aunque la oposición es fuerte, la hispanidad es irresistible y la cultura es imparable.
Es evidente que hay artistas latinos con voz más privilegiada y con letras de mayor profundidad, como Shakira, Rubén Blades, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Juan Luis Guerra. Pero le corresponde al Conejo el momento histórico, y aunque no guste a sus detractores, es el cantante más caliente en todo el planeta. Nadie de los anteriormente mencionados tiene ahora una mayor penetración entre el público. Le tocó a él ser el abanderado de toda la parcialidad migrante del orbe, en este tiempo de inestabilidad social marcada por políticas controversiales establecidas por el hombre más poderoso del mundo.
Han pasado unos cuantos días desde la presentación que conmocionó al mundo, pero este lado del planeta aún vibra alto y con júbilo.
El arte se transformó en un vehículo político de paz.


