México debe aceptar que será visto con curiosidad y desconfianza en la Copa del Mundo del presente año. Más arriba del continente están los otros dos organizadores, Estados Unidos y Canadá, que gozan de los más altos índices de desarrollo humano en el planeta. Los vecinos del norte son de las economías más avanzadas y su gente tiene un nivel de vida muy elevado.
En cambio, México es un país en vías de desarrollo, lo cual se puede definir como una economía en transición. Entre las economías de las naciones, es de los equipos de media tabla, debajo de los punteros tradicionales.
Percepción es realidad y la imagen de exportación de la nación azteca es la de un país con regiones de barbarie. Es inevitable que los turistas encuentren marcadas diferencias entre este país y los otros. Habrá una carga de desconfianza, por lo que se dice de aquí. Es más folclórico México, con una mayor tradición y una cultura de tres mil años, a diferencia de las otras naciones que no son tan longevas. Pero, indudablemente es más cómodo estar en los otros dos países.
¿Deben los mexicanos indignarse por la idea que de este pueblo se tiene en el extranjero?
No, por supuesto. La narrativa que se tiene sobre una entidad muchas veces escapa de su control. Las noticias que trascienden en todos los países son las de mayor relevancia. Otros lugares más desarrollados destacan por su cultura, niveles de educación, avances científicos, olimpismo. México es muy conocido por los niveles de inseguridad que se viven en algunas regiones del país. Claro, hay cantantes, escritores, futbolistas, intelectuales que brillan, pero en las noticias internacionales resaltan las carreteras bloqueadas y el capo del año abatido o encarcelado.
Nadie puede negar que existen, en el territorio, enormes parcelas sin ley. Es doloroso reconocerlo, pero la realidad es necia. Allá en la sierra y en el desierto se impone la ley del alto calibre. El crimen extiende su sombra siniestra en sitios hasta donde no llega el amparo del código penal.
Estados Unidos y Canadá son países más desarrollados con una mejor economía en el país y un más alto nivel de vida. Ahí sí se tiene respeto por la ley, y la cultura de la legalidad está mucho más difundida.
Datos duros: de acuerdo al organismo Transparencia Internacional, que mide los índices de corrupción en el mundo, de 180 naciones, Canadá se encuentra en el sitio 15 de las más honestas, Estados Unidos en el 28, y México en el 140.
Es normal que los visitantes miren con recelo las calles de Monterrey, Guadalajara o de la Ciudad de México, cuando anden de paseo por el país para acudir a un partido del mundial. Puede que anden dando vueltas por la Macroplaza, el Bosque de Colomos o el Centro Histórico, pero si se salen de la ruta turística conocerán un país empobrecido, con colonias proletarias y calles sin pavimentar, que no se muestran en los folletos de las agencias de viajes.
Antes las diferencias con los poderosos vecinos, lo que le resta al aficionado mexicano es, como anfitrión, mostrar civilidad, decoro y educación. El país puede tener un Producto Interno Bruto que no es el mejor del planeta, pero el corazón de su gente sí es de clase mundial.


