La trayectoria política de la diputada Magaly Deándar Robinson ha sido corta pero intensa. Adoptó a cabalidad los principios de la Cuarta Transformación de la vida pública nacional y se convirtió en adalid de las mejores causas sociales bajo el principio de la honestidad valiente. De ama de casa con un arraigado sentido social, sintió, como muchos mexicanos de buena voluntad, el llamado de AMLO por la recuperación de los principios humanistas y empezó desde abajo, en las trincheras populares.
Cumplida su tarea como esposa y madre, se acercó a Morena para trabajar con las bases, en las colonias populares, en las zonas rurales, repartiendo volantes, haciendo escuchar la voz que despierta conciencias para una nueva revolución pacífica. Ninguna tarea fue chica para su entusiasmo, ninguna fue grande para su deseo de servir. Esa entrega absoluta no podía pasar inadvertida y fue llamada para ocupar una posición más relevante y seguir sirviendo.
La diputación en el Congreso del Estado de Tamaulipas, no fue un premio, sino una encomienda. Ganó con amplio margen en su primer encargo y recibió la mayor votación proporcional de todo el estado durante la elección para ocupar una curul en la 66 legislatura. No podía ser de otra manera, enfrentó al poder omnímodo de los Cabeza de Vaca, denunció el saqueo de fondos en la Universidad Autónoma de Tamaulipas y promovió iniciativas de ley para mejorar la vida de los tamaulipecos.
Su entrega y dedicación ha rendido óptimos frutos con iniciativas de ley que han transformado a Tamaulipas y a Reynosa, especialmente las que tienen que ver con el combate a la corrupción, la erradicación de la violencia contra las mujeres, la Ley de Austeridad del Estado y Municipios de Tamaulipas, la Ley de Remuneraciones de las Servidoras y Servidores Públicos del Estado y Municipios de Tamaulipas, el acuerdo de coordinación con el IMSS-Bienestar.
De la mayor trascendencia ha sido la propuesta para la revocación de mandato en el estado y sus municipios, la defensa del patrimonio público del puerto de Tampico mediante la exigencia de un informe cabal de los compromisos que lo ponen en riesgo, la defensa del agua como patrimonio de los tamaulipecos, estricta regulación del plaqueo, pago de tenencia y refrendo vehicular, la Ley de Amnistía del Estado de Tamaulipas.
Así como la diputada Magaly enfrentó al poder del entonces gobernador y ahora prófugo Francisco García Cabeza de Vaca y sus secuaces, no le tembló el ánimo para encarar a los grupos de poder que tenían asolada a los dueños de vehículos automotores en varios ayuntamientos de la entidad, especialmente en Reynosa. Logró que el Poder Legislativo aprobara unánimemente una reforma para frenar los abusos cometidos por empresas de grúas y de tránsito.
Por ello y por mucho más, la diputada Magaly ha ganado a pulso la oportunidad de servir en otras instancias a la comunidad tamaulipeca y reynosense. No hay quien tenga mayor apoyo popular, logrado con un constante contacto con las bases; no hay quien haya realizado más trabajo desde la tribuna legislativa para mejorar la calidad de vida de hombres y mujeres que cotidianamente se afanan por ir hacia adelante con la frente en alto, perlada de sudor.
La honestidad valiente no debe premiarse, sino reconocerse.


