El Mundial, el T-MEC y la cortina de humo

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Desde el silbatazo inicial de la Copa Mundial de Fútbol, el pasado 11 de junio, los mexicanos nos hemos sumergido en una fiebre deportiva que ha acaparado la atención nacional. Mientras la selección mexicana siga en competencia, y probablemente hasta la gran final del próximo 19 de julio en Nueva York, los asuntos públicos y de gobierno permanecerán opacadas por el torneo mundialista, relegando los debates políticos y partidistas a un segundo plano.

Sin embargo, lo que se presenta como una celebración de unidad popular está revelando un lado un tanto oscuro. Lejos de exaltar lo mejor de la ciudadanía, la euforia colectiva, ha desatado conductas reprobables que, amparadas por el furor que desatan las masas emocionadas, en el caso de los triunfos, o enfurecidas si hay un fracaso, se traducen en daños al mobiliario urbano, a la propiedad privada, en riñas, heridos y, lo más trágico, el saldo de cuatro personas fallecidas en las concentraciones masivas en las inmediaciones del Ángel de la Independencia.

No obstante, mientras las masas futboleras se entregan al espectáculo, el país sigue desangrándose en silencio. Los homicidios dolosos, la desaparición de personas y el narcotráfico continúan su curso, erosionando el tejido social. Pero esa realidad pareciera no importar mientras el balón ruede en los estadios y la televisión transmita goles y celebraciones.

Hoy, sin embargo, el ruido del Mundial se ha visto interrumpido por una noticia de fondo, el presidente Trump ha decidido no renovar el T-MEC en los términos actuales, condicionando su revisión anual. En tiempos previos al mundial, esta amenaza habría detonado una serie de críticas de los líderes de partidos opositores, con señalamientos de negligencia diplomática. Pero el escenario actual es distinto. En lugar de análisis profundos sobre el futuro económico del país, la clase política parece conformarse con posar en camisetas verdes y celebrar en redes sociales las victorias del Tri.

El Mundial es, en esencia, un paréntesis emocional. Pero pronto, cuando el silbato final suene y las masas se dispersen, volveremos a tocar tierra. Entonces, sin la distracción del gol, nos reencontraremos con la realidad que no vimos pero que si vivimos; un México inseguro, contaminado y empobrecido. El problema no es el futbol, sino la peligrosa costumbre de usar el entretenimiento como cortina de humo para ignorar las urgencias que realmente definen nuestro futuro.

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