Partido de alto impacto en Guadalupe, NL

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Rayados del ahora técnico Nicolás Sánchez recibiendo a las chivísimas México americanas de Gabriel Milito.

El ambiente que se sentía con calor en la temperatura, refrescó con el pasar de los minutos y las gradas se tronaron en un duelo de porras donde los rojiblancos se hacían sentir compitiendo solamente con la barra local ante la frialdad de los asistentes, acostumbrados más al celular y caviar qué a la porra y la cerveza.

El partido empezó intenso, Rayados buscando presionar y atacar rápido y eficaz mientras los visitantes trabajando como “hormigas” para contragolpear de manera quirúrgica.

Los Rayados con más ganas que fútbol, buscaban lo imposible, jugar con calidad, una meta difícil para un equipo con falta de ella. Los de Guadalajara pragmáticos, haciendo lo que si saben, correr, presionar y meter goles.

El ambiente se tensaba con el primero gol que apestaba a birria, un error de toque en la defensa y gol, la afición lo sentía y lo sabía, sería una tarde difícil.

Esfuerzos individuales, poca conjunción, toques imprecisos y algún disparo a la portería… los esfuerzos de Nico Sánchez por jugo de naranjas casi secas, desabridas.

La barra local cantaba, calentaba, los aficionados de boletos de mil pesos sentados y sin alma; la afición visitante se hacía sentir con algunos abucheos como respuesta.

Torrent probablemente se esté riendo en España, la mano de los ídolos no se nota, Monterrey parece equipo de expansión, igual que su técnico, que no siente ni lo Severo ni lo Erviti, porque el corazón no sabe transmitir calidad, solo intensidad.

Primer tiempo sin más gol, porque los de la perla apatía no quisieron aunque pudieron, mientras los que querían, simplemente no podían.

El árbitro con tranquilidad, dando fluidez al juego, sin incidir en el marcador, decretó qué se fueran todos a descansar.

15 minutos de música y anuncios de festivales, placebo momentáneo para la catástrofe qué se venía.

Rosita recibió dos tiros más para completar los 3 de la canción. Como francotirador escondido en las montañas, Milito aniquiló a su ex pretendiente para que recordaran quien era el elegido adecuado, las Chivas dolieron sangre y por fin tienen un equipo para saber que hacer, y lo hicieron.

Los de casa quieren pero no pueden, porque no saben, juegan largo, mal; juegan corto, mal; los novatos, mal; los de experiencia, mal.

No hay líder, solo soldados corriendo y tratando d ser los héroes, como en película de Hollywood pero sin Brad Pitt o Dicaprio.

El concierto de errores es para llorar, el aire se siente al desinflarse un equipo sobrevalorado, no era el técnico, son los jugadores y quien los hizo compadres.

El invierno ha vuelto, aunque parece que nunca se fue, mientras en San Nicolás un volcán hace erupción, en Guadalupe han vuelto los pingüinos, porque el ambiente es propicio y no hay nadie que ponga el calor para mover el balón.

No hay líder, no hay jugador, no hay directiva, y aunque compren boletos, no hay afición.

El segundo tiempo se acabó cuando Milito sacó a su delantero estelar, ya no necesitaba goles, solo sobrellevar la situación.

En el otro banquillo entraron jóvenes, que no están preparados para estos escenarios todavía; éste equipo ya se rindió.

Después de los goles solo hubo concursos de velocidad, pero nada de precisión, un espectáculo barato para el precio de los más de 43 mil boletos pagados hoy, pero la gente sigue viniendo, no saben decir que no, es un amor apache, algo tóxico, pero al fin y al cabo amor.

Hoy cenamos birria, aquí en el estado de Nuevo León, porque el rib eye lo filetearon tan delgado que ya es cecina.

Al final un dulcito para verse mejor, gol del delantero refuerzo, para que el marcador no se vea tan peor y mostrar algo de sangre a la afición.

Minutos finales de ánimo, Rayados se fue con todo por el gol, se nota cuando alguien tiene algo de calidad en el toque, Oliver Torres se hizo sentir ahora que sale de su lesión.

Tiempo de compensación y la barra le cantó todos, la afición se prendió y el equipo anotó, parece algo de masoquismo, pero a la vez de amor propio.

El equipo se fue al frente, sin ideas pero con ganas, la afición comenzó a corear, la temperatura se elevó y esto ya era un manicomio habiendo empezado como coliseo.

Último minuto y penal, mano de Chivas, todos los halagos a la basura, ahora el local despertaba del letargo y se olía la hazaña.

Momento final, última jugada, Uros al balón, el momento para el que te trajeron… y falló.

La afición ya no entiende, porque viven como dioses y juegan como…

Al final jugaron como nunca y perdieron como siempre. Todas las emociones en un solo partido, aún así, no vale el boleto.

Hoy les escribo desde la butaca, aunque hubiera sido mejor estar en el sillón.

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