Se acabó la participación de México en la justa injusta de cada cuatros del fútbol. En donde un error y quedas fuera y cuando cometes tres con mayor razón.
México hizo lo que pudo con lo que se tenía, quizá con la plantilla que menos ilusiones daba pero que al final de cuentas se la rifó hasta donde le alcanzó.
De entrada sabíamos que las laterales tricolores no estaban s la altura, al menos las consideradas por el Vasco. Si me voy solo al juego contra los inventores del fútbol, debería señalar el desorden con el que jugaron, exageraron en irse al frente porque obligaban a marcar a quienes habían sido los mejores en ataque, Quiñones y el Piojo Alvarado, quienes tenían que cubrir la posición de los laterales que andaban como chivos en cristalería. Inclusive, en el caso de Sánchez, haciendo recorridos al centro que solo los que saben ofender los hacen. Y atrás apá? Ahí que alguien más cuide, como si tuvieran regresos más veloces que sus rivales. Y ahí estuvo cuando los ingleses lo detectaron hicieron dos y adiós. Y si a eso le sumas que cometes un penal que viene de un despeje del portero contrario pues ni hablar.
Al final los ingleses permitieron que les centraran con singular alegría a sabiendas que son de lo mejor por arriba. Salió Quiñones y se acabó la posibilidad de hacer alguna jugada con magia, elaborada, porque el ingreso de Fidalgo fue solo para pasear la pelota de lado a lado cuando ya las cosas estaban en calidad de desesperación temprana porque aún faltaban 20 minutos más el agregado.
México acaba bien con la idea de haberlo hecho mejor pero la jerarquía del rival impuso.
De esto quedará lo bien que se podrán cotizar algunos como Mora, Quiñones, Piojo, Bryan y el contención de la máquina, Erick Lira.
Ahora lo que viene para el fútbol mexicano, ojalá y no sea pan con lo mismo. Lo que sí va a cambiar es el técnico porque el siguiente ciclo mundialista ya no será con el Vasco, eso es un hecho.


