Todavía no se acaba y ya dio suficiente para decir que es un feo mundial.
Y bueno, que habría de esperarse cuando nació viciado, producto de tenebras internacionales en las que FIFA, amarrada de manos por los estadounidenses después del escándalo mayúsculo de corrupción, no ha tenido otra que agachar la cabeza y hasta darle al presidente Donald Trump un premio inventado para bajarle la rabieta de que en su momento no le dieran el Nóbel de la Paz.
Después de Rusia y Qatar, la funesta triada de sedes autoritarias llegó a América, con un manoseo que continuó cuando una llamada de Trump alteró las reglas de forma descarada y logró que se “borrara” una tarjeta roja que suspendía al estadounidense Folarin Balogun para enfrentar a Bélgica en octavos de final.
Feo mundial en el que México y Canadá se convirtieron también en rehenes de las maniobras turbias de la FIFA al conformarse con lo que los estadounidenses quisieron darles. En Canadá, el mundial pasó de noche, con todo y que Toronto alberga una gran comunidad portuguesa y colombiana. En Vancouver el ambiente fue tan frío y nublado como su clima. Y en México, ni llegaron los miles de turistas que se esperaban, ni se tuvieron las obras que se planearon y ni se llegó a cuartos de final, con todo y la clasificación perfecta y el hombre de más casi todo el segundo tiempo contra Inglaterra. Vaya, ni el intento de adelantar el partido les funcionó. Este fue el peor mundial de resultados en casa. Los dos anteriores se había llegado en cuartos; este queda marcado como el del fracaso, y del ¿y si, sí? pasamos al ¡pues no.!
Lo que si hubo fueron portazos, muertos, borracheras indiscriminadas, descontrol absoluto y la tan mexicana costumbre de aprovechar la ocasión para mandar todo a volar, literalmente.
Feo mundial por todas las maneras en las que se ha favorecido a la Argentina. Desde el primer partido se supo que la consigna es exprimir la máquina de hacer dinero llamada Lionel Messi. La fama de tramposos de los sudamericanos los precede, y bajo el cuento de que “se juega como en el barrio” se les permite hacer y que no les hagan. Y si en la cancha irritan, fuera de ella también, con esas ínfulas de europeos que cargan tanto en los medios como mientras toman los pedidos en restaurantes de Cancún y la CDMX.
Racismo descarado al mandar a los de Irán a dormir a Tijuana y al negarle la entrada a los Estados Unidos al árbitro Somalí Omar Artan. La ventaja permanente de los estadounidenses es que sus guerras son muy lejos; así las buenas familias pueden disfrutar los estadios, aunque no le entiendan al juego. Quizá por eso han llenado los palcos con deportistas, artistas e influencers que al menos les dan sabor a las transmisiones. El futbol es pasión, pero eso es muy diferente a la verborrea racista de la diputada paraguaya que todavía no se cansa de insultar a Kilian Mbappe y a cuanto francés o afrodescendiente se le ponga enfrente.
Por cierto, feo mundial también por la pausa de comercialización que convirtió el juego en cuatro cuartos y tres tiempos extras; uno con la suma de la pausa y las revisiones sospechosas del VAR, y dos más en los juegos de eliminatoria empatados.
Lo peor del caso, es que, si la tendencia continúa, el mundial que sigue serán 64 equipos. Todavía más feo.
DE REBOTE
A punto de comenzar la liga BBVAMX varonil, y a la directiva de Tigres no le ha alcanzado para postear en redes sociales por lo menos un “Gracias André”.
Ya es sabido que el francés está fuera del equipo como jugador, y parece que la inercia de los Mauricios de sacar a los valiosos por la puerta de atrás y en lo oscurito continúa. Y para acabarla de amolar, la novela con Ángel Correa continúa. Si es cierto que se quiere ir, ojalá River venda terrenos o jugadores para que completen y el argentino se vaya.


