A pesar de la prohibición explícita por el Derecho Internacional, el hambre se ha consolidado como una táctica bélica deliberada en conflictos contemporáneos.
El informe del IEEE y los datos de la FAO revelan la magnitud de esta tragedia y los desafíos para la comunidad internacional.
En un mundo marcado por más de 50 conflictos activos, una realidad persiste y se agrava: el hambre ha dejado de ser una mera consecuencia colateral de la guerra para convertirse en un arma estratégica.
Así lo evidencia el documento “El hambre como arma de guerra. El papel de la FAO” del Instituto Español de Estudios Estratégicos, analiza la instrumentalización de la alimentación en los conflictos de Yemen y la Franja de Gaza.
La práctica, condenada por la Resolución 2417 del Consejo de Seguridad de la ONU de 2018, no solo vulnera el Derecho Internacional Humanitario, sino que perpetúa ciclos de pobreza y violencia en un escenario geopolítico cada vez más fragmentado.
El reconocimiento de la alimentación como un derecho humano fundamental choca frontalmente con la realidad de los campos de batalla modernos.
Los Convenios de Ginebra y su Protocolo Adicional de 1977 establecen en su artículo 54 que “queda prohibido, como método de guerra, hacer padecer hambre a las personas civiles”.
Sin embargo, el documento del IEEE, elaborado por Clara Núñez Vázquez, señala una zona gris: se permite atacar bienes que una Parte adversa utilice para el sustento de sus fuerzas armadas, una ambigüedad que a menudo se explota para justificar la destrucción de infraestructuras críticas .
Yemen: El Hambre como Estrategia de Asedio
El caso de Yemen es paradigmático. Desde 2015, la guerra civil y la intervención de la coalición liderada por Arabia Saudí han convertido al país en el escenario de una de las peores crisis humanitarias del mundo.
El bloqueo terrestre, marítimo y aéreo impuesto por la coalición, junto con los ataques aéreos que destruyeron puertos, mercados e infraestructuras agrícolas, han paralizado el sistema de abastecimiento de un país que importa el 90% de sus alimentos.
Esta acción no es un daño colateral, sino una táctica deliberada que, según la ONU y el Programa Mundial de Alimentos (PMA), ha sido calificada como te a crímenes de guerra.
En el otro bando, los rebeldes hutíes han obstaculizado la distribución de ayuda humanitaria, desviando suministros para la población vulnerable.
El resultado es devastador: en 2025, se estima que 19,5 millones de yemeníes necesitan ayuda humanitaria, y más de 17 millones, incluyendo a más de un millón de niños menores de cinco años, sufren hambre aguda.
La magnitud de la tragedia se refleja en las cifras de mortalidad: de las 377.000 muertes relacionadas con el conflicto entre 2015 y 2022, más del 60% se atribuyen a causas indirectas como el hambre y enfermedades prevenibles.
Un informe reciente de la FAO y el PMA advierte que Yemen sigue siendo uno de los países con mayor riesgo de inseguridad alimentaria, con 18,3 millones de personas en niveles de crisis o peores.
Gaza: La Inanición como Método de Guerra
En la Franja de Gaza, la situación es igualmente crítica. Tras los ataques de Hamás en octubre de 2023, Israel impuso un bloqueo total sobre alimentos, agua, combustible y medicinas, una medida que organizaciones internacionales han denunciado como el uso de la “hambruna como método de guerra”.
El Relator de la ONU sobre el derecho a la alimentación, Michael Fakhri, aseguró que Israel está usando el hambre como arma al obstaculizar sistemáticamente el acceso humanitario.
Aunque un alto el fuego en octubre de 2025 trajo cierta mejora, la situación sigue siendo extremadamente frágil.
Alrededor de 1,6 millones de personas continúan enfrentando inseguridad alimentaria aguda, con más de 500.000 en niveles de emergencia.
La devastación del sector agrícola es casi total, con menos del 5% de la tierra cultivable aún operativa, lo que hace prever que la recuperación llevará años o décadas.
La comunidad internacional ha condenado enérgicamente esta práctica ante la FAO, calificándola de “arma de guerra” y “estrategia cruel” que contradice décadas de trabajo humanitario.
La FAO y oras agencias humanitarias enfrentan obstáculos mayúsculos. La respuesta internacional sigue siendo limitada y, en muchos casos, insuficiente.
Los bloqueos humanitarios y las restricciones de acceso impuestas por las partes en conflicto son el principal freno a su labor. Además, la FAO adolece de una grave falta de financiación.
El PMA ha advertido que su financiación “nunca ha estado en tanto peligro”, lo que ha llevado a recortes en la asistencia alimentaria y la suspensión de programas críticos de nutrición.
Un Llamado a la Acción
El uso del hambre como arma de guerra no es un fenómeno nuevo, pero su persistencia y brutalidad en conflictos como los de Yemen y Gaza representan un fracaso colectivo de la comunidad internacional.
La prohibición del Derecho Internacional resulta insuficiente si no va acompañada de una voluntad política firme y de mecanismos de rendición de cuentas efectivos.
Mientras el hambre siga siendo un arma, la paz y la seguridad mundial seguirán siendo un sueño lejano para millones de personas.


