La edad de la inconsciencia

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La humanidad ha vivido diversas épocas a lo largo de la historia. La cultura occidental la divide en edad antigua, edad media y edad moderna, centrándose exclusivamente en el pensamiento europeo. De esa manera, el origen de la consciencia humana surge en la Grecia antigua con los grandes filósofos que aún están en boga, pasa por el dogmatismo en la edad media y con el renacimiento emerge el pensamiento racional y científico.

Pues, viene a resultar que en la era de las comunicaciones, hemos llegado a la edad de la inconsciencia, en la que, como el monje loco, nadie sabe, nadie supo. Sólo el planeta Tierra protesta, se manifiesta y hace patente su repudio a la perversa destrucción de que está siendo objeto por parte de un puñado de magnates obnubilados que lo está explotando al máximo para acumular riqueza y poder como nunca antes se había visto.

La evidencia irrefutable es el cambio climático que ha modificado los ciclos naturales de producción para el sostenimiento de la vida. Aunque los orates ambiciosos aseguren que no, el impacto del modelo irracional e irresponsable de consumismo voraz y avidez de riqueza y poder, está logrando lo que nunca antes se había visto: que avance la desertificación, que los casquetes polares se derritan y que el agua modifique su comportamiento.

Aunado a ello, las guerras de despojo que libran las naciones deshumanizadas para apoderarse de los bienes que tienen en sus tierras países pacíficos, con cohetes y potentes bombas lanzadas en racimo, han generado tensiones en la corteza terrestre que se manifiestan con terremotos por medio de los cuales el planeta busca restaurar el equilibrio perdido por las constantes explosiones de que es objeto. No sólo fuera de los territorios de los agresores, sino en su propia casa.

Pero, así como se niega el cambio climático, se niega la pauperización de la gente en países como los Estados Unidos, donde hordas de miserables viven en la calle y están dominados mediante el uso de los estupefacientes que se suministran sin problema por las instancias oficiales, que de esta suerte los mantienen indolentes. Y se ocultan las grandes tragedias que ocasionan los movimientos telúricos por el impacto de las pruebas nucleares y el daño al ecosistema con los cohetes espaciales.

En México es más notable la inconsciencia de las clases acomodadas, plenamente identificadas con el modelo de explotación humana y ecológica. Como la mosca en el arado, con unos cuantos millones de pesos en su cuenta bancaria y residencia en Missión, se siente parte de la élite que Elon Musk llevará a Marte en su naves espaciales, luego de destruir la Tierra. No alcanzan a entender que tarde o temprano, serán parte de las huestes marginadas porque no superan los mil millones de dólares.

Recientemente, Orlando Pérez, profesor de la Universidad del Norte de Texas, en Dallas, se refirió al cambio político que se gesta en Latinoamérica con la llegada de gobiernos de derecha y ultraderecha a la región y su alineamiento con la nueva doctrina de seguridad del gobierno de Trump.

Con referencia a México, dijo que hay dos puntos de quiebre. El primero es la judicialización de la clase política mexicana. La acusación del Departamento de Justicia contra el exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y otros funcionarios, toca el sistema político mexicano, y eso resulta mucho más corrosivo para la relación que cualquier arancel.

Esa perversa estrategia para doblegar al gobierno mexicano es celebrada y hasta aplaudida por sectores huehuenches tan reaccionarios como inconscientes. ¡Qué tiempos, señor!

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