Tómbola del revés para corcholatas

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En la ecuación de los aspirantes de Morena allegados al Palacio de Gobierno, se establece con alegre ligereza que para el caso de Ciudad Victoria la lista ya se decantó en tres “finalistas”: el diputado federal José “Pepe” Braña Mojica, la diputada local Katalyna Méndez Cepeda y el secretario del Trabajo, Luis Gerardo Illoldi Reyes, con los dos últimos como favoritos y el otro sólo es un relleno democrático.

En sus cuentas matemáticas parecen olvidarse deliberadamente de los pequeños detalles —o mejor dicho, de las abismales diferencias— que separan a cada perfil. Sin embargo, arropados en esa soberbia monumental que se cargan algunos líderes del partido, sostienen ciegamente que el puro peso de las siglas de Morena basta para ganar cualquier plaza.

Pero en el aire flotan demasiadas ilusiones, mismas que despertaron con mayor ímpetu este lunes tras anunciarse las “corcholatas” definitivas de la 4T en las entidades restantes. Hubo verdaderas sorpresas, aunque en realidad nadie debería llamarse a sorprendido: en Morena ya se volvió una bonita costumbre jugar, caminar y platicar en el mundo del revés. Es un ecosistema político mucho más raro que el que cantaba José Alfredo Jiménez, pero con todo y su surrealismo, salen triunfantes en la mayoría de las plazas.

En ese universo al revés, se acaban de oficializar las coordinaciones estatales. El caso de Nuevo León es de antología: la dirigencia nacional designó a Clara Luz Flores Carrales, repitiendo el plato tras perder en 2021. La tres veces alcaldesa de Escobedo, originaria de Coahuila y esposa del tamaulipeco Abel Guerra, revivió políticamente a pesar de que los sondeos internos la ubicaban hasta la cuarta posición de las preferencias.

Muchos analistas consideran que la envían a un auténtico “batazo de sacrificio”, una percepción que se agravó tras el inmediato desprecio de otra de las fuertes aspirantes, Tatiana Clouthier Carrillo, quien de manera tajante le negó el espaldarazo.

Casi el mismo milagro ocurrió en San Luis Potosí, donde Morena anunció que competirá en solitario rompiendo su alianza con el PVEM y el PT. Ahí el elegido fue el exsenador y docente Elí César Cervantes Rojas.

La designación cayó como balde de agua fría entre los militantes potosinos, pues trascendió que el ahora coordinador ni siquiera se había inscrito originalmente al proceso interno formal, anulándose las encuestas ante la falta de consensos.

Lo mandan a una misión imposible en un estado gobernado con mano de hierro por Ricardo “El Pollo” Gallardo, quien ya tiene todo listo para heredarle la silla a su esposa, la senadora Ruth González Silva.

Con este espejo nacional de imposiciones y dedazos disfrazados de “consensos”, la pregunta obligada para Tamaulipas es: ¿cómo diablos van a convencer a Rómulo Pérez para que acepte sin chistar al elegido del Palacio de Gobierno? Rómulo lleva años picando piedra por la candidatura a la alcaldía de la capital, presumiendo además un expediente libre de acusaciones de corrupción.

Lo mismo aplica para el actual alcalde Eduardo Gattás Báez y el secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez Silva. A ambos se les ha querido etiquetar de forma injusta con el mismo código de barras político, cuando cada uno ha hecho la chamba necesaria para reclamar una posición por mérito propio.

De hecho, las mediciones más recientes de empresas como Numétrica Encuestas colocan a Hugo Reséndez a la cabeza de las preferencias en Ciudad Victoria con un 28.5%, superando el resto de los perfiles internos.

¿Y cómo piensan aplacar al diputado federal Pepe Braña? Él sigue apareciendo muy bien posicionado en diversos muestreos generales y con la hoja limpia, pero carga con el terrible pecado de no ser el favorito del tercer piso.

Los días no pasan lentamente; por el contrario, el calendario electoral avanza a un ritmo acelerado y estamos a escasas dos semanas de que se empiecen a definir las candidaturas locales en todo el país. En Tamaulipas abundan los resquemores. Los abanderados oficiales para Ciudad Victoria no lucen el mejor músculo social, pero parecen vivir felices en ese “mundo raro” donde la apuesta sigue siendo el uso de la política social.

Al final, pareciera que el hambre de la gente y el sufragio se convierten en una misma cosa, manipulados por la ambición de un grupo de morenistas que llegaron bastante hambreados al presupuesto. Ellos son los que hoy buscan controlar el motor de los municipios, sin el menor pudor en anteponer sus proyectos personales por encima de los intereses reales de la comunidad.

Bueno, por hoy es todo.

El patinazo… miren que caminar en el mundo del revés puede terminar dejándolos de cabeza.

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