Yo, el autor de este texto, he vivido el tiempo suficiente como para ver renacer y florecer los principios del humanismo mexicano que hizo que México mostrara al mundo la mayor época de paz, estabilidad y desarrollo de que se tenga memoria, Y, yendo más allá, puedo afirmar que el siglo XX fue el siglo de México por cuanto se convirtió en el foco de atención de las mentes más brillantes de esa época y en no pocos casos, modelo de justicia social.
El siglo XX comenzó con la primera revolución social de la centuria, de la que emana la Constitución Política de 1917, un compendio de leyes profundamente humanistas que marcan el rumbo de la política, la educación, el trabajo, la salud, el aprovechamiento de los recursos naturales con respeto a la biodiversidad, la soberanía nacional y las garantías individuales, el luminoso antecedente de lo que ahora se conoce como derechos humanos.
De la misma revolución emana el Partido Revolucionario Institucional, con sus antecedente Partido Nacional Revolucionario y Partido de la Revolución Mexicana, aglutinando en su seno a las masas populares con el sector obrero (Confederación de Trabajadores de México, CTM), sector campesino, (Confederación Nacional Campesina, CNC) y sector popular (Confederación Nacional de Organizaciones Populares, CNOP). El sector militar tuvo corta vida por su propia naturaleza.
Los ejes rectores del proyecto revolucionario fueron Democracia con justicia social, Economía mixta con rectoría del Estado y Nacionalismo revolucionario, los cuales permitieron durante cuatro décadas un crecimiento de entre el seis y el siete por ciento, auspiciando el tránsito del México rural a un país avanzado, y la permeabilidad social, política y económica que posibilitó que una persona o grupo de personas , con su propio esfuerzo pudieran cambiar de estatus en los tres renglones.
Pero, vinieron las hordas neoliberales con la corrupción, el abuso y la aberrante acumulación de la riqueza en una cuantas manos estériles e inútiles, que no arreglan un café con leche; pero, mediante el capitalismo de amigos, tienen la mano metida en la bolsa de todos los mexicanos, despojándolos hasta del modito de andar. El quehacer político cuya naturaleza es el servicio, se trocó en el modo más simple y directo de hacerse de grandes fortunas.
El trabajo fue la mercancía más barata, mientras las jornadas laborales se incrementaron y las condiciones en el trabajo se precarizaron a grado extremo. El salario mínimo diario que se pagaba a los trabajadores en 2018 era de 88 pesos con 36 centavos, con la imposibilidad, decían, de elevarlo porque ello provocaría una espiral inflacionaria que haría más pobres a los pobres y descapitalizaría a las empresas.
Ahora, con la Cuarta Transformación y la filosofía del humanismo mexicano, México y los aborígenes están recuperando el gran legado histórico basado en principios sólidos y refulgentes: Por el bien de todos, primero los pobres; Honradez y honestidad; Democracia participativa; Libertad y diálogo; Igualdad sustantiva; Cuidado ambiental; Soberanía nacional; Política con amor y fraternidad; Rechazo a toda forma de discriminación; Empatía universal.
Con ellos, México vuelve a ser modelo de política humanista y quienes tenemos edad y conocimiento suficientes para constatarlo, estamos felices.


