¿Qué celebras, Monterrey?

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Monterrey cumple 430 años de su fundación. Yo pregunto a sus ciudadanos y a sus autoridades, ¿Qué celebran?

Viví en Monterrey desde finales de los 80’s hasta mediados de los 90’s. Después, he regresado consistentemente, la última vez hace apenas unas semanas, justo después de que finalizara el Mundial.

Cuando llegué a la capital de Nuevo León el metro no existía. El río Santa Catarina tenía canchas de futbol y juegos mecánicos. El Barrio Antiguo era bravo y oscuro, tanto como los alrededores de la Purísima. La Alameda era un lugar verde y colorido.

Cuando llegué a estudiar en la universidad, Lázaro Cárdenas se llamaba Avenida Las Torres y Valle Oriente era apenas un plan en desarrollo. Los Rayados jugaban en el estadio Tecnológico, y los Sultanes en el parque Cuauhtémoc y Famosa. Pipo, Betín, Rómulo, Gilberto Marcos, el Arquitecto Benavides y Roberto Hernández Junior entretenían, informaban y polemizaban en la televisión local.

Por Monterrey han pasado gobiernos de todos los partidos, colores y sabores. Se ha construido, destruido y reconstruido mucho, y de todo. En tiempos de redes sociales, los videos de Youtube que muestran lugares emblemáticos de la capital regia instan a los turistas a que visiten la que es considerada la capital industrial de México.

Lo que esos videos regularmente no muestran es la realidad en la que cohabitan millones de personas que muy poco tienen que celebrarle a la también llamada “ciudad de las montañas”.
Cuando llegué a Monterrey, la ciudad era sucia, muy sucia. 30 años después, lo sigue siendo.

Todavía es fecha que sigo sin entender a qué genio (es ironía) del gobierno municipal se le ocurrió decidir que, en una región de las más calurosas, los servicios de recolección de basura utilizaran contenedores a cielo abierto para concentrar la basura de zonas de alta densidad como las muchísimas torres de departamentos que hay.

Tampoco comprendo por qué los gobiernos regiomontanos no han establecido políticas públicas de reciclaje en una ciudad que se dice de primer mundo, pero que ni en su movilidad, ni en su protección al medio ambiente, ni en su mantenimiento urbano lo es.
Lamentablemente, mucho de lo que se necesita en Monterrey depende de las ganas, el dinero y los intereses de quien gobierne el estado.

Como alguien que aún mantiene nexos afectivos muy cercanos con la ciudad, lamento que la capital regiomontana se haya convertido más en un trampolín político para quienes han buscado la gubernatura del estado. De bote pronto, son pocos los alcaldes que recuerdo que hayan verdaderamente transformado para bien las condiciones de vida de los habitantes de Monterrey.

Y es que en esa costumbre nefasta de los políticos de borrar el pasado inmediato para reemplazarlo por un presente con su nombre en la placa, los regiomontanos padecen las consecuencias.

Si algún político o funcionario municipal llega a leer esto, le propongo tres cosas para celebrar el aniversario 430 de la fundación de la ciudad: planten árboles, muchos y por todas partes. Cambien el modelo de recolección de basura por uno que incluye el reciclaje obligatorio y elimine los contenedores a cielo abierto. Promuevan campañas de limpieza de las calles; inviten a los vecinos a que sumen limpiando su banqueta y regando los árboles que se planten mientras desarrollan ordenamientos que castiguen la contaminación visual, auditiva y ambiental.

Si todo esto ya existe, pues aplíquenlo, porque a cómo está la ciudad, me parece que hay poco que celebrar.

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