Esta es una historia de horror escalofriante. Una de esas que demuestran que la realidad supera a la ficción. Con lamentable frecuencia, nos enteramos por distintos medios, de crímenes tan espantosos que solo podrían ser perpetrados por verdaderos psicópatas poseídos por sus demonios. Cada vez que algo así nos llena de consternación e indignación, resurge el debate sobre la pena de muerte.
Pensamos que esos criminales no tienen posibilidad alguna de rehabilitarse y mucho menos de una reinserción en la sociedad. La cadena perpetua nos parece poco castigo y hasta nos parece injusto que la sociedad deba cargar con la manutención de esas personas aunque sea de manera precaria dentro de una celda en prisión.
Hay países donde sí aplica la pena de muerte como sentencia: Iran, China, Arabia Saudita, Corea del Norte y uno de esos países es Estados Unidos, donde según las políticas propias de cada estado puede ejecutarse por medio de la silla eléctrica, la horca, la inyección letal, asfixia por gas o el fusilamiento (gun squad). La mayoría de los casos que pasan por la fila de la muerte (death row), son hombres sentenciados a la pena de muerte por inyección letal, por considerarse “la forma más piadosa” o “menos traumática” de ejecución.
Se trata de un procedimiento químico similar a lo que se hace para “poner a dormir definitivamente” a un animal cuando se le somete a la eutanasia. En el caso humano, “consiste en inyectar por vía intravenosa y de manera continua una cantidad letal de diversos fármacos combinados, que producen, sucesivamente, inconsciencia, parálisis respiratoria y paro cardíaco con el fin de provocar el fallecimiento rápido al paciente.” Lo más común es el uso del pentobarbital en combinación con sedantes para atenuar la angustia, el estrés y la ansiedad.
Hacía 200 años que en Estados Unidos no se había ejecutado a una mujer a la pena de muerte por inyección letal, hasta hace un par de días en el estado de Tennessee con el caso de Christa Pike. Sus abogados habían pedido en última instancia que se le ejecutara con un pelotón de fusilamiento. Pero el estado no lo permite, y por ende se le aplicaría la inyección letal. Así lo hicieron el pasado 30 de septiembre 2026; pero las cosas salieron terriblemente mal. Por supuesto que Christa Pike no era, por mucho, una buena persona. En 1995 (cuando tenía 18 años de edad), torturó y asesinó por celos a una joven de 19 años, Colleen Slemmer .
El crimen que cometió fue un monstruosidad por la crueldad y el sadismo que lo caracterizan, pero Christa estaba también muy dañada, traumada, mental y moralmente deformada por una historia de infancia y crianza severamente traumática; lo que no justifica pero explica su comportamiento criminal y de haber contado con una defensa eficaz, probablemente hubiera evitado la pena de muerte aunque sería sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de fianza. Pero la escena de su ejecución fue algo más que infernal, porque no resultó como esperaban.
La acostaron y sujetaron en la camilla de la sala de ejecución, le vaciaron dos jeringas de pentobarbital de forma intravenosa. Los testigos (que siempre deben presenciar tan macabro procedimiento) a través de una ventana, aseguran que Pike permanecía consciente, luego semi-inconsciente y luego volvía en sí otra vez…respiraba con dificultad, presentaba taquicardias y luego bradicardias, emitía ruidos guturales como ronquidos y gruñidos, se estremecía, ¡pero no se moría! Las autoridades y testigos estaban atónitos y aterrorizados.
Ya no podían (por ley) aplicarle una dosis mayor a la establecida como suficiente para cumplir la ejecución. No sabían qué hacer. Esperaron dos horas viendo a la sentenciada en agonía, gimiendo, quejándose, y no moría. Unos dicen que fue el karma por el sufrimiento que ella misma causó con el brutal crimen que cometió en 1995 hace 31 años; otros volvieron a cuestionar el tema de la pena de muerte como medida de justicia viable.
El caso es que tuvieron que intervenir de otro modo. La sacaron de la cabina de ejecución, la llevaron en ambulancia a un hospital donde hasta ahora (salvo alguna noticia de última hora) Pike sigue con vida, muy grave y en estado crítico, inundada de pentobarbital en la sangre…los médicos luchan por salvarle la vida para luego, el sistema judicial volverá a a intentar ejecutarla por orden del estado, porque su sentencia no ha sido revocada, sino solo “suspendida” o “pausada” mientras investigan por qué falló en este caso el protocolo de la pena de muerte por inyección letal. Si eso no es el infierno…yo no sé qué es.


