Concluyó la etapa inaugural de Rafael Márquez al frente de la Selección Mexicana con una actuación que va de lo discreto a lo malo.
Dos empates frente a Colombia y Perú, seleccionados que, aunque son sudamericanos, tampoco representan la élite de esa parte del Continente que tanto hace soñar a los federativos tenochas.
Sin embargo, lo que más ruido está haciendo fue la lamentable derrota frente a Estados Unidos, el villano favorito, el rival de la zona.
Debo reconocer que el juego solo lo vi en los resúmenes de YouTube; la realidad es que todos estos encuentros del llamado “moletour” me importan dos hectáreas de absolutamente nada.
El comentario, más allá del partido —pues los análisis del juego se los dejo a los que realmente le saben a la táctica y que pueden leer aquí en Hora Cero Deportes—, va por el lado del drama que muchos quieren armar por la derrota y los empates.
Desde hoy no faltan los profesionales de la piel de marrano frita que están decretando el fracaso de la era Márquez, que los malvados y codiciosos directivos y dueños de los equipos se equivocaron al colocar a la leyenda de la defensa al frente del combinado nacional.
Su argumento lo sustentan con la derrota frente a los gringos que, para ellos, es un pecado imperdonable, pues —gritan— no se puede tolerar que los güeros sean mejores que nosotros pateando la pelotita y reventándola en las redes.
El escándalo es innecesario; el ruido que hacen solo sirve para generar tráfico en el Feis y TikTok.
Ignoran, a propósito, que estos partidos solo sirven para rellenar las arcas de dólares de los federativos, quienes siguen exprimiendo a la gallina de los huevos de oro que son los paisas en Estados Unidos.
Estos juegos no sirven para nada, son irrelevantes para armar formaciones, conocer jugadores, practicar tácticas.
A la tierra de las hamburguesas nomás van a cobrar el cheque y darle a los mexicanos que sobreviven por allá un poquito de alegría sintiéndose cerca de su casa.
Yo por eso no me uno a los gritos y los linchamientos, pues falta mucho para la verdadera competencia, para los partidos que significan algo, para los duelos donde Rafa tenga que mostrar si es, o no, la opción correcta para el banquillo de la Selección.


