¿Cómo explicarle a un niño entre 11 y 12 años que sus sueños deportivos se fueron al carajo por culpa de los adultos? ¿Y cómo decirle a los adultos que por su ambiciones personales pueden cortan las alas a los menos culpables: los niños?
Desde 2009, cuando la Liga Treviño Kelly de Reynosa ganó el Nacional y su pase al Mundial de Ligas Pequeñas de Williamsport, Pennsylvania, como periodista he seguido muy de cerca y organizado coberturas de Hora Cero.
Cierto, otros colegas sobre todo de Monterrey, tienen mayores conocimientos como Héctor Bencomo, quien en 1997 narró en vivo para la radio el último campeonato mundial de la Liga Linda Vista de Guadalupe, Nuevo León, que puso al borde del infarto a miles de aficionados al beisbol en la sexta y última entrada.
Pues bien, 28 años después de que México no ha ganado el título en Williamsport, es precisamente la Linda Vista quien ensució lo que debería ser una competencia limpia entre niños de esa categoría, quienes desde muy pequeños tomaron en sus manos un bate, un guante y una pelota.
Hace días en Guaymas, Sonora, sede del Nacional de Ligas Pequeñas, estalló el escándalo cuando se deberían jugar las semifinales el domingo 13 y la final el lunes 14, esperando la icónica foto de los pequeños corriendo con banderín de campeones.
Sin embargo pasó lo que, al menos en mi experiencia de 16 años y con cinco viajes a Williamsport encabezando a reporteros de Hora Cero, nunca me había tocado escribir y que inició con una protesta de equipo Sector Pesca de Guaymas por un supuesto jugador “cachirul” de la Linda Vista.
Y como en cada historia hay un villano, éste personaje es Mario Baca, subdirector de las Ligas Pequeñas de Beisbol en México que, para colmo, es papá de nada más y nada menos del manager de la Linda Vista, Daniel Baca, uno de los campeones mundiales en 1997.
El año pasado durante el Nacional los Gallos de San Nicolás de los Garza, Nuevo León -en cuya sede debería jugarse la final-, los plumíferos fueron retirados de la competencia cuando se detectó un jugador “cachirul”.
La diferencia entre San Nicolás 2024 y Guaymas 2025 fue que, ante la queja, en el primer caso los directivos de las Ligas Pequeña de Beisbol de México investigaron y dieron la razón a la Matamoros AC o Villa del Refugio (aunque nunca se supo quién impugnó).
Mientras lo que sucedió en Sonora en días pasados rayó entre lo irracional, absurdo y sospechoso, cuando Mario Baca decidió cambiar la de Guaymas a ¡Ramos Arizpe, Coahuila!, para darle todas las ventajas a Baca hijo.
En estos días me he preguntado: ¿por qué si se argumentó que no había las condiciones de seguridad en el parque sede para llevarse a cabo las semifinales y final como lo manifestó Baca papá -versión desmentida por las autoridades municipales de Guaymas-, por qué no irse a Hermosillo que está a sólo 117 kilómetros?
Porque de Guaymas a Ramos Arizpe la distancia por carretera es de mil 533 kilómetros, mientras que sólo 90 kilómetros separan a Guadalupe de Ramos Arizpe. ¡Qué casualidad!
En mi experiencia he visto que hay ligas que están formadas por núcleos de clase media, no como la Linda Vista o Matamoros AC cuyos peloteritos, managers, directivos, papás y mamás se pueden dar el lujo de viajar en avión.
En 2019 la Liga “Mala” Torres de Guadalupe representó a México en Williamsport y, me consta, la mayoría de los familiares viajaron en autobús más de 30 horas. Fue un verdadero viacrucis.
Cuando escribo esta columna (jueves 17 de junio) todavía está la moneda en el aire de dónde y cuándo se jugarán las semifinales y la final. Se dijo que volvería a Guaymas, mientras hay rumores de que Matamoros, Tamaulipas, sería la nueva sede que, en lo personal, sería como aventarle gasolina a la flama.
Y si la Liga Ferrocarrilera de Aguascalientes -que se había retirado de las semifinales negándose a viajar a Ramos Arizpe por un doble gasto-, se prestaría a la mayor vergüenza de las Ligas Pequeñas en México en su historia.
Y pensar que a más de 30 años del caso de los “cachirules” que dejaron fuera a México del Mundial de Italia 1990, sus protagonistas se quedaron como niños de pecho comparados con lo sucedido en Guaymas y con los Bacas en la mira de principales sospechosos.
Faltará qué decisión se tomará desde el cuartel general de las Ligas Pequeñas en Williamsport, porque seguramente una o dos cabezas deberán de rodar, y si no: el tufo a corrupción quedará impregnado en los sacos y corbatas de los altos mandos en México.


