No conocer y no entender la historia, conlleva el riesgo de que se repitan acontecimientos trágicos; por ello, vale la pena remachar sobre los acontecimientos del 2 de octubre de 1968. Al efecto, baste con dos testimonios fehacientes de primera línea: Luis González de Alba, representante de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM en el Comité de Huelga y Gonzalo Martínez Trejo, director de la Preparatoria 5 de la UNAM.
Martre dice a través de su personaje Humberto del libro Los Símbolos Transparentes, presente en el mitin del 26 de julio del 68, en honor a la Revolución cubana: “Reflexioné en ese momento que si bien no vivíamos en el paraíso, el mexicano no sufría persecuciones. Pensé también en la otra cara; el campesino y el obrero sometidos pacíficamente gracias a la gigantesca hábil deformación de la palabra ‘revolución’. La duda me llevó a creer que algo andaba mal, sin poderlo precisar, sólo intuyéndolo”.
Lo que andaba mal era la inducción masiva de insatisfacción. En las escuelas, en los clubes, en las logias, en los sindicatos y, quizá con mayor vehemencia en los ámbitos intelectuales se dejaba sentir una corriente crítica que ansiaba un protagonismo superior a la honrada medianía, soporte del desarrollo fundamentado en la propuesta netamente revolucionaria de justicia social.
La Revolución Cubana, Fidel, el Che, los Kennedy, Martín Luther King, el movimiento hippie, las guerras de Corea, de Vietnam, los Sables de Argel, el Mayo Francés, etc., eran el marco ideal para las “ideas revolucionarias” de los jóvenes mexicanos.
Por su parte González escribe: “Los grupos político-culturales demostraban su rotundo fracaso en la tarea de integrar equipos de trabajo con formación ideológica consistente; la “lumpenización” hacía estragos entre la izquierda amplia que había cobrado fuerza después de la huelga de 1966…”
Le preguntan periodistas de la República Democrática Alemana: “—Se nota una gran diferencia entre las demandas formuladas por los estudiantes mexicanos y las que se han enarbolado en otros países. Nosotros no alcanzamos a explicarnos la defensa de la Constitución que hacen ustedes. En Alemania no queremos defender nuestra actual Constitución, sino acabar con ella; lo mismo pasa en Francia o en Italia; los estudiantes impugnan a sus regímenes y a las leyes que los sostienen. ¿Qué me puedes decir al respecto?—”. Sólo había una respuesta que parece ironía: que eran demandas estudiantiles, casi infantiles.
Dice luego desde Lecumberri: “Después de la primera noche me dejaron en paz hasta que un individuo pasó, al cuarto día, reconociendo a los miembros del CNH celda por celda. Me pidieron que me pusiera frente a la mirilla. Celda 13, C N H ; le escuché decir, creo que también dijo Valle. —¿Y contra qué disparaban? — dice De la Vega que desde hace rato quería intervenir
—¿Cómo fue posible que durara horas? —Y que a las once volviera a empezar —añade Zama. —Disparaban contra el Chihuahua —responde Raúl—. A mí me aprehendieron cerca de la iglesia de Santiago. Ahí nos tuvieron mucho rato y luego nos llevaron al edificio de Relaciones Exteriores, lo abrieron y ahí nos concentraron a muchos. Después nos volvieron a sacar.
—Pero ¿a qué le disparaban? —insiste De la Vega—. Tú estabas junto a la iglesia y podías ver toda la plaza. —Pues al edificio, ¿no te digo?, a la fachada. Y ni siquiera a las ventanas, ¿te acuerdas que los costados son de cantera y sin ventanas?”. ¡Las víctimas de “la masacre” preguntando a quién disparaban!
El mito de Tlatelolco tuvo el propósito de desestabilizar al país y descarrilar el proyecto humanista de la Revolución Mexicana para preparar al acceso a las hordas neoliberales, cumpliendo el propósito de Robert Lansing en su carta dirigida a Randolph Hearst en relación a la campaña de su cadena de periódicos para poner en la presidencia de México a un gringo y terminar con el modelo revolucionario que amenazaba los intereses de las corporaciones norteamericanas, principalmente petroleras.
No pusieron a un norteamericano, sino a una cáfila de traidores que a punto estuvieron de entregar al país y a los paisanos a los intereses extranjeros.


