Iniciaron formalmente los registros de los aspirantes de Morena a las alcaldías de Tamaulipas. Atrás quedó el primer filtro de las diputaciones federales; ahora viene el platillo principal y más apetitoso: las presidencias municipales, un terreno donde de inmediato comenzó la rebatinga salvaje y afloraron los más profundos temores entre los suspirantes.
Todos saben perfectamente a lo que se enfrentan y que su destino final es un volado. Sobre todo, después del desaseo vivido a nivel nacional con la selección de coordinadores estatales; un proceso cupular que, aunque terminó hace días, sigue arrojando pleitos, berrinches y lágrimas entre los perdedores que nomás no asimilan la derrota.
En esta selva electoral, los valientes ya marchan a la guerra; los cobardes, en cambio, corren a presentar certificados de pie plano para evitar enlistarse en el frente de batalla, y si de plano los obligan a ir, ruegan por un cómodo trabajo administrativo bien lejos de las balas.
El único funcionario de peso del gabinete estatal que no tuvo empacho en soltar la nómina fue Rómulo Pérez Sánchez. El ahora exsubsecretario de Enlace Legislativo firmó su renuncia desde el pasado viernes 4 de octubre y ya confirmó que se inscribió para la diputación federal, aclarando que en las próximas horas hará lo propio en la plataforma digital para la alcaldía de Ciudad Victoria.
Rómulo presume ser un soldado institucional dispuesto a pelear en todas las trincheras que el jefe le ordene. Casi al mismo tiempo, se anunció el registro formal de la diputada local Katalyna Méndez Cepeda como aspirante a la misma candidatura capitalina.
Por su parte, el secretario del Ayuntamiento de Victoria, Hugo Reséndez Silva, adelantó que también presentará su separación del cargo en las próximas horas, aunque primero tendrá que desahogar asuntos municipales urgentes para dejar las cuentas de la capital en impecable orden antes de su partida.
Sin embargo, entre el resto de la alta burocracia estatal lo que verdaderamente cunde es el pánico y la incertidumbre. Nadie sabe qué paso dar ante el tironeo de las candidaturas. El ejemplo perfecto de esta ingenuidad es el coordinador de las Oficinas Fiscales en el estado, Marcelo Olán Mendoza, quien andaba preguntando tímidamente si bastaba con tramitar una simple licencia laboral sin goce de sueldo para poder registrarse como aspirante a la alcaldía de Reynosa.
Marcelo quiere que desde arriba le den garantías firmadas de que él será el elegido, olvidando que en el “mundo del revés” de Morena todo cambia en un parpadeo y la tómbola siempre escupe sorpresas de última hora.
Toda esta ola de especulaciones y nerviosismo se originó a raíz de las recientes audiencias privadas que el gobernador Américo Villarreal Anaya sostuvo en el Palacio de Gobierno con varios de sus colaboradores y representantes populares; una pasarela donde los elegidos buscaban recibir el ansiado visto bueno. Con estos encuentros, el mandatario buscó desalentar las obsesiones de los perfiles inviables y cobijar los sueños de quienes sí traen canicas, como la diputada local Blanca Anzaldúa Nájera o la legisladora federal Claudia Hernández Sáenz, quien suspira por Reynosa.
Especial relevancia tomó la foto de Américo con el diputado federal José “Pepe” Braña Mojica, quien mantiene su flecha derecha hacia la capital. El gobernador colgó en sus redes un mensaje con evidente tufo sucesorio:
“Un gusto saludar al diputado federal Pepe Braña y dialogar sobre cómo continuar trabajando por el bienestar de las familias tamaulipecas. Sigamos avanzando en unidad…”
Casi con el mismo tono, el gobernador difundió su encuentro con la secretaria de Desarrollo Económico y aspirante a Nuevo Laredo, Ninfa Cantú Deandar, redactando en su muro que seguirán impulsando los proyectos económicos del estado. El mensaje resultó tan institucional y ambiguo que delata el propio temor de la funcionaria de quedar vestida y alborotada.
Mientras Ninfita decide si suelta o no la seguridad del presupuesto, en Nuevo Laredo ya brotaron espectaculares panorámicos con la leyenda “¡Ey, Nuevo Laredo, es Ninfa!”. El lema es un burdo plagio de la célebre frase “Es Homero” que utilizó Homero Díaz Rodríguez cuando buscó la precandidatura del PRI a la gubernatura en los tiempos de Tomás Yarrington Ruvalcaba.
Vaya analogía tan maldita: a Homero se le vinieron abajo las ilusiones precisamente en un evento en el Club de Leones de esa misma frontera, donde Yarrington terminó sepultando su carrera por acelerado y soberbio. Las malas lenguas del norte aseguran que la historia de Ninfita podría tener el mismo trágico desenlace si insisten en imponerla por encima de la poderosa panista Yahleel Abdala Carmona (YAC).
Dicen los arrieros que los caballos huelen el miedo. Quizá por eso, en Reynosa, un fino equino terminó por tirar al suelo de forma espectacular a Marcelo Olán Mendoza, justo enfrente de un destacamento de militares que a duras penas lograron contener la carcajada ante la penosa escena del funcionario rodando por la tierra.
Pero Marcelo no es el único que tiembla ante la idea de abandonar la comodidad de la nómina gubernamental y sus sagrados privilegios. A excepción de Rómulo Pérez, casi nadie ha querido firmar su renuncia definitiva; todos andan buscando ver si en el Palacio les hacen el milagro de otorgarles un permiso temporal sin goce de sueldo para ir a jugar a la democracia sin arriesgar el bolsillo.
Por cierto, también Carlos de Anda dejo la secretaria de Obras Públicas en Nuevo Laredo, para registrarse como candidato a la alcaldía de esta ciudad fronteriza. Va por todo, ya puso las canicas y busca el pozo matón.
Bueno, por hoy es todo.
El patinazo… miren que bajarse del caballo del presupuesto a mitad del río electoral suele terminar en una dolorosa caída.
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