La broma futbolera actual en Uruguay es que los fans charrúas piden a la FIFA que envíe directamente a la Garra a disputar el repechaje, porque cada cuatrienio anda por esas instancias y, después de una serie angustiosa, resulta airosa para tener un papel muy decoroso en el Mundial en turno.
Ya golearon a Jordania en la ida de su repesca y terminarán el trámite para masacrar en Montevideo a sus débiles oponentes.
Acá en México debieran hacer una modificación pero en sentido contrario: quitarle el repechaje a México para obligarlo a avanzar, como debiera, en la serie del hexagonal, con diez juegos, suficientes para demostrar tamaños de mundialista.
Después de la abusiva victoria del miércoles ante Nueva Zelanda, que le da al Tri el sello de la visa a Brasil, el público mexicano celebró eufórico. No hubo represalias contra el equipo mexicano que mantuvo la calificación en un hilo y que en este episodio final hizo un derroche de futbol muy mediano para tener pie y medio en la copa del 2014.
Los reproches fueron guardados. Las encuestas revelaron que el pueblo, la tribuna, el fanático se declaró contento con la victoria aplastante de 5-1 ante los kiwis. De un plumazo se olvidaron los agravios recientes. La gente ya no recordó que el Chepo de la Torre hace un par de meses comprometió la calificación. Desechó aquella estulta muestra de desorganización federativa que llevó al Flaco Tena a dirigir al Seleccionado Azteca durante un solo partido.
Ya no pesó el ultraje que le hicieron a Víctor Manuel Vucetich, al permitirle únicamente jugar dos encuentros, antes de echarlo a patadas para que Televisa impusiera a su entrenador y a su once titular.
Hasta parece que ahora la Femexfut está a un paso de reprender a la afición por haber descreído de ella. Le piden casi, que les diga un Usted disculpe, por el agravio de los días pasados, cuando, en realidad, faltó poco para que la chusma futbolera se plantara con teas, en el edificio de la federación, y vandalizara el inmueble, en un arranque de odio, y como vendetta por haber provocado tanta desesperación.
En el duelo contra los All Whites, Justino Compeán y Decio de María, los máximos jerarcas del balompié azteca, se abrazaron ebrios de gozo, perdiendo las formas, para liberar la presión que tenían contenida. Lloraron de alegría, vitorearon jubilosos, sintiendo que el frío del despido pasaba, por lo pronto a su lado, y seguía de largo.
El miércoles se cumplirá el trámite en Wellington y la afición cantará feliz porque México ya tiene su asiento en la competencia mundialista. Ya no habrá reproches para nadie. Miguel Herrera seguirá como entrenador y guiará a su comando Águila hacia Brasil.
Que los federativos sean despedidos, ya no importa. Ocurrirá, seguramente antes de que ocurra el año. Lo que a la gente le ocupa ahora es que ya hay campanas que anuncian el fin del sufrimiento.
México estará en Brasil 2014 y el público, amnésico, celebrará.


