Autoflagelación a la mexicana

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Por Susana Valdés Levy

El error es pensar y creer que el resultado de una elección iba a resolver todos los problemas de México de forma inmediata. El principal objetivo de muchos de los votos para Lopez Obrador, fue sacar del poder al PRI y al PAN. En tal objetivo quedaban fuera Meade y Anaya, y afortunadamente la gente no votó por “El Bronco” para presidente. La historia política mexicana ha sido una cadena de “pruebas y errores”… Pero creo que haber sacado al PRI y al PAN del poder no fue un error, sino una decisión que también tiene sus pros y contras.

Luego de escenas terroríficas llenas de tumbas clandestinas, cuerpos colgados de los puentes y escándalos de corrupción descarada y descarnada, nos llegó la oportunidad mediante la elección, de arrancar de raíz (eso creímos) a los artífices de tales horrores. Al momento de la elección, México estaba convencido de que el PRI y el PAN estaban coludidos, no solo entre sí (en al forma del llamado PRIAN), sino que también coludidos con otras fuerzas oscuras con las que se entrelazaban intereses nefastos con vínculos corruptos. Veníamos de un sexenio armado como novela de Televisa, donde todo era falso, empezando por el matrimonio presidencial… A Meade le pesaron y le aplastaron las secuelas del sexenio de Peña y de las sombras salinistas. A Anaya le pesaron y lo aplastaron las divisiones y traiciones internas de Acción Nacional, a la pobre de Margarita Zavala la volvieron invisible el desprecio y la decepción que dejó el sexenio de Calderón y del “Bronco”, pues ni hablar porque sale sobrando. Las pasadas elecciones no fueron más que un “divorcio político”. Y hay que entender que uno no se divorcia para casarse con otro (eso sería un error). Uno se divorcia para deshacerse del vínculo que se tiene con el que está. México se “divorció” electoralmente del PRI y del PAN y de su nefasta hegemonía. Pero México no se divorció del PRIAN para casarse con la Morena. Así que no nos hagamos “harakiri”, ni nos autoflagelemos con la típica idea anticipada y neurótica de que “¡Ya la regamos otra vez!”

Los mexicanos NO nos equivocamos en sacar del poder -mediante el sufragio- a los sistemas y partidos que tanto daño habían hecho ya. Pero SÍ nos equivocamos al creer que eso iba a resolver los problemas nacionales de la noche a la mañana. Tuvimos éxito en erradicar del mapa político a los sistemas anteriores, pero lo que sigue a consecuencia de esa decisión apenas está por verse.

López Obrador no es la solución… es solo la opción “menos mala” que había para que no quedara ni el PRI ni el PAN en el gobierno dándole continuidad a la corrupción rampante.

Las pasadas elecciones no fueron más que una “mentada de madre” de los mexicanos al PRI y al PAN… Pero por mucho, no fue una “declaración de amor incondicional” para la Morena.

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