The Big Comilona in town

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Me sentía en Furs, compa, allí cerca del mol de McAllen. Si viera qué rico se veía aque’o. Había de todito como en bufet, delicious… no le digo que en Luby´s porque allí cobran por orden. Era the Big Comilona.

Y es que mi primo este que se da gusto y que se arranca como pelón de hospicio. ¿’On tan los modales m’hijo, el manual del Carreño que tanto te inculqué?

Vamos por partes. Si viera compa que apenas entramos al Club de Leones y luego lueguito se abalanzó sobres por los camarones empanizados. Como dice Rosa María “¡qué oso!”.

– Les pedimos que se esperen tantitito hasta que suene la chicharra-, le dijeron bajito, pero como es de rancho, de acá de Padilla, pues verá ya llevaba comidos five shrimps. Como se dice “show your education, please”, como cuando andas por la marqueta, oséase in the market.

Era de esas veces que dices “trágame Tierra” y quieres hacerte invisible. Pero no se puede man.

En la XXV Feria Gastronómica de Reynosa 2014 realizada el jueves en el Club de Leones in the night, juimos muchos… hambriados los que fueron ahí.

En la entrada te recibían con con cafecito Select a tu gusto del Seven Eleven.
-Pueden tomar la dona que quieran-, dijo una güerita ojiverde.

Y es que por sólo cien pesitos puedes darte un festín. Nunca lo he visto uno así nunca en Monterrey, ni en Victoria. Es el gran evento de Reynosa, que no se compara al Festival del Taco ni al de la paella. La mera verda’.

-Pero mira viejo como vengo, no me vine preparada, mira mi peinado… mis zapatos. ¿por qué no me dijiste con tiempo?-, me acusaron.

La mera verda’ yo no vi a naiden con esmoking, al contrario, puro sombrerudo de González o Güémez, en the Big Comilona de la frontera.

Hasta eso, no faltó quien sacó su tenedor de su saco, quesque se acababan entre tanta gente y no había como arrempujar los camarones. Ajá.

Será que en mi casa me enseñaron a comer despacito, pero acá is the law of the jungle. Me sentía un lion que quería un buen filete.

Con esto olvidé lo de “chécate, muévete, mídete” del IMSS, porque aquí la mera verda’ no te podías medir.

Y es que los gorditos no se equivocan. Siga sus pasos. Por algo estaban ahí, porque había very good food.

A pesar de todo sale uno con un sentimiento de pecado -de sin, man-, luego de que empiezas con camarones empanizaditos, sushi, tostaditas de salmón, brochetitas de pollo, probaditas de paella, empanadas argentinas, espagetti, taquitos de pescado, una probadita de tortas estilo la barda y hasta una patita de pollo empanizado o a la parrilla.

Ah qué mi primo este, cómo se le ocurre correr así tan hambriado. Si hasta siento shame man de él.

Eso que no les digo de los puestos de botanita de fritos, tamarindos, popcorn, nachos, chocolate chips cookies y hasta los mini cup cakes de sabores.

Como que Rosa María enloqueció con uno de elote de Ant & Ivy, atendido por su propietario Alfredo Hinojosa. You want to die.
Pero que no se preocupe mi primo. Andélei. Por ahí había un stand de nutriólogas que te pueden ayudar a bajar your overweight and obesity. Luego va y se confiesa y todos happys.

Tú sabes cuánto comes y si guardas “room for the desert”, oséase un cuartito para el postrecillo. Era eat and eat all you want it. Ya no sé si esto sea lo malo, sales con tanta azúcar que sientes que se te suben las hormigas.

Lo malo… es que nos dejaron una hora con our automovile encerra’os. Ya quería matar al móndrigo que hizo esto, es pa’ sacar el Melox porque te la gastritis del coraje.

Como siempre no falta el cuatrero que te tapa la salida y no puedes hacer na’ de nada.

Y es que el Club de Felinos es insuficiente y nunca creció con el paso de los years. Ni a quien echarle la culpa, porque no hay valet parking, ni habrá nunca en Reynosaville.

El buen Pepe Elías se dio un baño de pueblo y estuvo muy nice saludando de hand to everybody. Hasta se dejó tomar algunas selfies.

Pisándole sus botas estaba José Alfredo Castillo, el presi de la Canirac, quien supervisaba el evento pa’ que todo saliera OK.

El festival es tan bueno que muchos de los comerciantes no se han dado cuenta de ello.

Debería de empezar en el patio de ajuera. Donde está el ambiente, los Cabritos Nuevo León y el Pollo Loco.
Por algo se anotaron los de autobuses ADO o agentes de seguros. Porque es una buena ventana con público cautivo para conocerte.

Lástima para los que se la perdieron.
Si viera que fueron mis cien pesitos mejor desquitados del año.

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