De animales salvajes…

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Nos adelantamos al sol, más que en competencia con él, en franca huida de sus quemantes rayos.

Pese a la prisa, me doy tiempo para recordar que nuestro gobernador habla de abundancia hídrica, mientras que su director de agua y drenaje, quien durante mucho tiempo coincidió con su jefe, admite ahora que calculó mal y sí existe en el estado una crisis por el abasto del preciado líquido.

Como a esos dos personajes el triunfalismo o las ansias de infundir ánimo en la población afectaron su credibilidad, antes de salir de casa nos hidratamos lo mejor que podemos y me detengo un rato para almacenar agua. No es momento ni de confiar en el discurso político ni en la benevolencia del astro rey.

Unos minutos después, mi compañero y yo empezamos a ejercitarnos en una zona residencial enclavada en el municipio de García, Nuevo León, en plena mancha urbana y entre dos de las prolongaciones de las avenidas más importantes de la ciudad.

Aquí hay diversos fraccionamientos privados para ciudadanos de clase alta, sitios a los pies de la Sierra Madre Oriental rodeados de naturaleza norestense, irremediablemente violada por amplias y aún solitarias avenidas.

Simultáneamente caminamos y competimos para localizar animales silvestres, a los que damos un valor en puntos de acuerdo con la dificultad para hallarlos. Sé que este pasatiempo pertenece al ámbito personal, pero considero oportuno dedicarle unos párrafos, pues puede visibilizar un caso de interés general.

En este íntimo certamen, el año pasado dábamos un punto al primero de nosotros que descubriera un conejo, empero, en este 2023 consideramos duplicar el puntaje por su avistamiento: cada vez vemos menos ejemplares vivos y encontramos más atropellados.

En contraste con ese posible cambio, está la modificación del valor dado al descubrimiento de un coyote, que actualmente da 5 puntos, pero que estamos evaluando disminuirlos a 3, ya que hemos observado que cada vez es más fácil verlos, pues tenemos la impresión de que estos animales están acostumbrándose a la presencia del hombre y tienden a ser menos huidizos.

Hace un par de semanas logramos que uno de estos cánidos modificara su rumbo y se enfilara hacia una zona menos poblada, pues sin dar señales de amenaza caminaba hacia nosotros sobre la misma calle en la que transitábamos, muy cerca de una concurrida avenida.

Sin embargo, el hallazgo que hicimos apenas un par de días atrás introdujo una variable al sistema de puntos. Teníamos previstos valores no únicamente para los animales mencionados, sino también para víboras, tarántulas, pecarís y hasta osos, pero, ¿cómo íbamos a imaginar siquiera que encontraríamos un lince en esta zona predominantemente residencial?

Observar la majestuosidad de ese felino de orejas puntiagudas, cola corta y cuerpo moteado primero me emocionó, sensación que ignoro si mi compañero la compartió, pues sólo lo miró y no hizo el menor intento para perseguirlo.

Poco después admití que formo parte de una especie invasora, en ocasiones insensible frente a las especies nativas e indolente en la búsqueda de alternativas para respetar su hábitat, acordes a la supuesta superioridad intelectual del ser humano.

Seguimos caminando, aunque mi ánimo dividido me recordaba en cada paso que si en México poco parecen importar las muertes y desapariciones de miles de semejantes, menos aún tiene relevancia la vida de los que carecen de voz y no votan. Entendí entonces que sólo presenciaba una faceta más de la normalidad nacional.

Recordé, además, la fractura registrada esta semana en Movimiento Ciudadano (MC), propiciada por el gobernador naranja de Jalisco, Enrique Alfaro, quien reclamó al dirigente o propietario de esa franquicia, Dante Delgado, la toma unilateral de decisiones que niega la alianza con el Frente Amplio por México.

Asimismo, evoqué las señales que en torno al mandatario de Nuevo León, Samuel García, se generan en el mismo centro del país y MORENA, para considerar cercana la posibilidad de su designación como candidato presidencial de MC.

Comprendí que si los hombres son capaces hasta de renunciar a sus ideas, con igual o mayor facilidad olvidan los ecosistemas.

Tras esas elementales reflexiones, Káiser y yo seguimos nuestro camino: él olfateando y escuchándome, impedido de hablar, sólo posibilitado para ladrar, y el que firma, pensando en la fauna silvestre y el hombre salvaje, así como aspirando habitar en un fraccionamiento privado como los de esta zona.
                                                                                                                                     [email protected]

 

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