El gran Porfirio y los estragos del tiempo

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Porfirio Muñoz Ledo fue marcado a temprana edad y los años lo llevaron a negarse a sí mismo por esa obsesión. Si alguna palabra pudiera definirlo y resumirlo, esta es: brillante. Fue un brillante pensador, orador y polemista de izquierda; pero, su pragmatismo político lo condujo a otras direcciones en los momentos en que hacía más falta su talento político.

En la secundaria, por su habilidad retórica, uno de sus maestros le dijo: “Tú vas a ser presidente de México”. Con ello definió su destino y los afanes de toda su vida. Se recibió de abogado por la UNAM (1951-1955). De 1956 a 1960 estudió Ciencias Políticas y Derecho Constitucional obteniendo el doctorado por la Universidad de París. En 1958-1959 en la Universidad de Toulouse impartió cursos en francés sobre la Revolución Mexicana y vivió en ese país cuatro años.

A los 19 años se afilió al Partido Revolucionario Institucional, único camino para acceder al poder en aquellas épocas; llegó a ser su presidente con magníficos resultados. Dos veces estuvo a punto de obtener la candidatura presidencial por el PRI y con ella la presidencia: cuando su amigo Luis Echeverría, del que fue secretario del Trabajo, nombró a José López Portillo, su compañero de correrías juveniles.

Cuando éste se pronunció por Miguel de la Madrid, su secretario de Programación y Presupuesto y primer presidente postgraduado en una prestigiosa universidad de los Estados Unidos. Luego de ser fugazmente secretario de Educación, Porfirio inaugura una nueva época parlamentaria cuando, como diputado federal solicita “con todo respeto” hacer una interpelación al presidente De la Madrid, quien rendía su último informe de gobierno. Renunció en 1997 al tricolor.

Luego de una centelleante tarea en organismos internacionales y la mismísima ONU, junto con Cuauhtémoc Cárdenas creó (y presidió) el Frente Democrático Nacional para respaldar la candidatura presidencial de Cárdenas en 1988. Luego, tuvo un fulgurante papel como legislador. En el 3er. Informe del presidente Zedillo dijo: “…Lo más urgente es el restablecimiento de la paz y la concordia entre los mexicanos. La paz en Chiapas mediante el cumplimiento de los acuerdos y la voluntad de enmendar injusticias históricas; la paz mediante el diálogo y el restablecimiento del estado de derecho dondequiera que nos haya rebasado la violencia; el fin de esta guerra silenciosa alimentada por la impunidad, la corrupción, la abismal desigualdad y la inadmisible miseria”…

En 1989, a instancias de la figura histórica más importante de la izquierda mexicana, maestra Ifigenia Martínez de Navarrete, con Cárdenas, fundan el Partido de la Revolución Democrática. Siguiendo su sueño, fue candidato presidencial por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana en el 2000; pero, ya con síntomas de extravío, declinó a favor de Vicente Fox, quien lo premió con la embajada de México ante la Unión Europea, alejándolo del país para evitar que le hiciera sombra por su simpatía con Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Esa simpatía lo llevó a ser cofundador del Movimiento de Regeneración Nacional y su propuesta de la Cuarta Transformación. Fue nuevamente legislador y como presidente de la Cámara de Diputados, entregó la banda presidencial al presidente López Obrador; pero, ya el tiempo había hecho estragos en su privilegiado cerebro. Sus desvaríos fueron aprovechados por la oposición para denostar las acciones del gobierno.

Descanse en paz un hombre brillante que no pudo alcanzar su sueño, pero dejó un gran legado político e ideológico en favor de las mejores causas de la humanidad.

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