El hábito del monje

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La vestimenta que llevan los artistas son causalidad de su esencia. Es sin duda en la mayoría de ellos un signo característico que algunas veces ha convertido en moda e inclusive en clásicos.

Por ser distintos han estado más allá de su época, creando escándalos, especulaciones y un sello que va de la mano con su talento y su imagen es sólo un complemento, pues como dijo el diseñador argelino Yves Saint Laurent: “No son las ropas las lo que hacen a la persona, sino quien la lleva puesta”.

La creatividad a veces se desborda del escritorio, del caballete, del restirador, la mesa de trabajo u ordenador, y se cuelga del cuerpo del creativo para darle un estilo a sus pasos, presencia y también para resaltar o esconder un aspecto de su apariencia.

“Puedes ser la persona más estilosa del mundo con tan sólo una camiseta y unos vaqueros, (pero) el factor diferencial eres tú”, explica el diseñador de modas, artista y fotógrafo y productor alemán, Karl Lagerfeld, de 83 años de edad, que recientemente bajó 36 kilos para poder portar prendas creadas para gente delgada.

Cuando ven a Lagerfeld en las pasarelas o junto a estrellas de la farándula, saben de quién se trata porque siempre viste muy distinguido de negro con camisas blancas de cuello que le ayudan a tapar los estragos de la gravedad en la cara y sus lentes obscuros le sirven para ocultar su mirada bizca, como él mismo lo aseguró.

La artista japonesa Yayoi Kusama ha colaborado con artistas de la industria del vestir para agregarle toques de su estilo a las prendas de las colecciones de distintas casas de moda internacionales.

Tiene una imagen peculiar que la caracteriza, pues siempre utiliza una peluca naranja-rojiza en corte recto hasta los hombros, con flequillo y ropa con miles de esferas con motivos idénticos a sus cuadros. Y manifestó: “No creo pinturas, sino también poemas, literatura y moda, y así mantengo mi talento e imaginación”.

Oscar Wilde, el escritor irlandés, tomó de influencia a su amigo el pintor James Abbott McNeil Whistler a quien le copió su estilo dandy, personalizándolo para él con un toque afeminado, elegante, con aire aristocrático y a la vez descuidado.

Es hoy la inspiración de diseñadores internacionales, quienes respetan y resaltan su estilo que incluye un sombrero ladeado, bastón, abrigos de pieles, pañuelos de seda, camisas blancas con cuello sin almidonar, grandes solapas, capas sobre los hombros, y sobre todo, trajes en tonos obscuros en telas de terciopelo y lana que le servían para captar la atención de quienes estaban a su alrededor.

Freddie Mercury, egresado de una escuela de arte y diseño, realizó el logotipo de Queen y en los primeros años, cuando comenzó su fama, se cambió el apellido por el de su planeta ascendente Mercurio.

Con su estilo andrógino también innovó en el vestuario que portaba sobre el escenario para dar un espectáculo extravagante que iba de la mano con el tipo de música que hacían, y para ello pidieron ayuda a la diseñadora Zandra Rhodes.

“Creo que el hecho de que Fredie y Brian May acudieran a mi, demuestra que eran personas con una forma de pensar muy clara y con el valor suficiente para seguir lo que creían. Les gustaba probarse los trajes y verse al espejo, pero no lo hacían para pavonearse. Eran muy profesionales”, explicó Rhodes.

Otros ejemplos son el overol de mezclilla del pintor Diego Rivera; las faldas largas de Frida Khalo que le ayudaron a esconder su pierna que se desarrolló delgada y el corset que le servía de prótesis para darle soporte a su espalda dañada a causa de un accidente en camión, pero gracias a su tocado en la cabeza con flores lograba la mirada del espectador hacía su rostro.

También el mostacho distintivo del artista plástico Eugenio Salvador Dalí, al cual hasta le hicieron un museo que inauguró él mismo; el corte en capas rectas en tono rubio platinado peculiar de Andy Warhol, con el que explotó su excentricidad; el traje sastre con falda y las perlas de Coco Chanel, que se convirtió en el sello de su propia marca de ropa, entre otros.

La vestimenta se convierte en vestuario cuando se trata de un artista, cuando les ayuda a tener confianza en sí mismos, a resaltar algún aspecto, para ayudarlos en su carrera o esconder alguno en caso de que les perjudique, y sobre todo, asumir el cargo que les pertenece y que lo hace un ícono. Es una extensión de sí mismos, de su creatividad: los inmortaliza en una imagen.

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