Un Mantra es una palabra de la lengua clásica de la India que se refiere a sonidos compuestos por palabras o grupos de palabras que según algunas creencias tienen algún poder psicológico o espiritual. Los mantras pueden tener o no significado literal o sintáctico.
No importa el significado de las palabras sino solo repetirlas hasta el cansancio con la esperanza de que surtan algún impacto en la mente de quienes las escuchan siguiendo aquella regla de la publicidad en masa de la época de la Alemania Nazi y que se le atribuye al genio de la propaganda del fuhrer Joseph Goebbels: “una mentira repetida muchas veces termina por ser aceptada como una verdad”.
Ese mantra de la tribu de Cordero hace su aparición después del debate de hace un par de semanas cuando Gustavo Madero hace referencia a los dos gobiernos panistas de Fox y Calderón.
Que los dos fueron mejores gobiernos que los anteriores al año 2000 del PRI, sin duda, pero que ante la realidad de los números y a juicio de la sociedad mexicana no salen bien librados también es una verdad irrefutable. Y así lo asumió Madero en su intervención del debate cuando afirmó “nuestros gobiernos fueron mejores que los del PRI pero faltaron tareas pendientes por hacer”.
Eso bastó para que Ernesto Cordero, haciendo caso a sus asesores, se arrancara repitiendo en la oportunidad que tuviera para decir que Gustavo Madero defendía al PRI ?y atacaba a los gobiernos del PAN. Ha sostenido el estribillo de los fanáticos que siguen a caudillos, antes que al valor inquebrantable de las ideas.
Y es que un fanático es alguien que no quiere cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema. “Yo Ernesto Cordero defiendo los gobiernos del PAN y Madero defiende a los del PRI”. ¡Hay que repetirlo! ¡Hay que repetirlo! Se olvidan que el PAN nació como un instrumento de la sociedad libre y no como una religión oficial o de espacio de cantos de rituales que les marca su pastor en turno.
No existe cultura democrática donde no existe la autocrítica. La autocrítica es tan importante o más que la crítica para el fortalecimiento de nuestros valores y nuestra identidad. La autocrítica fomenta el desarrollo y enmienda nuestros errores. La ilusión del conocimiento es el enemigo del progreso. La autocrítica sabe que en esta vida o se gana o se aprende.
La autocrítica es el ácido que destruye las fantasías y las ficciones. Sin autocritica las sociedades dejan de definir rumbos y se vuelven recurrentes a caer en las mismas fallas que se creían superadas.
La autocrítica nos ayuda a vernos a nosotros mismos de carne y hueso con nuestras luces y sombras y no ser víctimas de la frivolidad del poder, que trata de convertir en inmaculados y estatuas de bronce a los gobernantes en funciones. No podemos ser gobiernistas por costumbre y opositores por sistema.
En la campaña del año 2000 se prometió llevar a cabo una transición a un nuevo sistema político y sustituir al viejo régimen nacido de los gobiernos de la Revolución Mexicana. Se confundió alternancia con transición. Una transición política siempre tiene como feliz destino una nueva Constitución.
Desmantelar de raíz al viejo modelo y dar nacimiento a uno nuevo. Es por eso que al comparar con números los resultados de los gobiernos del PRI con los del PAN caemos en el error de pensar que es lo mismo gestión pública y transición política. La gestión pública es trabajo del burócrata, la transición política es tarea del Estadista.
Lo que México exigió durante 75 años de gobiernos del PRI era una transición política, un nuevo sistema político donde se le amarrara las manos al ogro filantrópico como llamaba Don Octavio Paz al Estado mexicano.
Donde se respetaran las libertades, los derechos humanos, el federalismo, se combatiera la corrupción, hubiera libre competencia económica y no los monopolios que originó el gobierno. Donde nuestra economía no fuera manejada desde los PINOS como ocurrió en los gobiernos del PRI.
En el año 2000 hubo una alternancia, pero no una transición. Ganamos pero no gobernamos. Durante el gobierno del presidente Fox más del 90 por ciento de la administración pública federal estuvo representada por importantes priistas.
Fui testigo del reclamo telefónico que le hizo Luis Felipe Bravo Mena a Ramón Muñoz entonces jefe de la Oficina de la Presidencia de Fox; del clamor de la mayoría de los diputados locales del PAN contra los delegados federales del PRI en funciones que a ?tres años del gobierno foxista no solo cobraban en la nómina de gobierno federal sino saboteaban de manera sistemática todo trabajo de los panistas de los Estados.
El mismo Vicente lo ha reconocido públicamente” yo llegue gracias a los amigos de Fox no del PAN “No es extraño entonces que en la elección pasada apoyara a Enrique Peña Nieto en lugar que a nuestra candidata Josefina Vázquez Mota.
Ya para el 2006 con el triunfo de Felipe Calderón cuando todos pensábamos que íbamos a tener por fin un presidente panista, la sorpresa fue que todo el gabinete económico, estaba representado por notables personajes del PRI. En Pemex que es la paraestatal más importante de México se nombró nada menos que al hijo del histórico ideólogo del PRI Jesús Reyes Heroles.
En la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a Luis Téllez quien fue la sombra intelectual del presidente Ernesto Zadillo del PRI, en la Secretaría de Hacienda, al señor Agustín Carstens que venia del FMI Fondo Monetario Internacional que aparte de ser uno de los organismos más desprestigiado en el mundo de las finanzas, es conocida su histórica relación con los gobiernos del PRI. En la Secretaría del Trabajo a Javier Lozano entonces todavía identificado con el PRI y sin acreditación comprobada en el PAN.
Es un secreto a voces de la relación que durante su gobierno Felipe Calderón mantuvo con el líder la bancada del PRI en el Senado de la Republica, Manlio Fabio Beltrones al grado que Manlio se ganó el apodo de vicepresidente de la República. Durante el sexenio Calderonista fue sabido de los pactos con la muy priista maestra Elba Esther Gordillo y su liderazgo charro.
Podemos entonces afirmar en forma categórica que la diferencia entre Gustavo Madero y Ernesto Cordero en lo referente a sus relaciones con el PRI es que el primero lo hace a la luz del sol y el segundo en las sombras. El primero dice lo que piensa sin tapujos o engaño el segundo lo que le conviene. El primero lo que le dicta su conciencia, el segundo lo que le señala el manual de campaña.
Los partidos políticos no son claustros de espíritus de capilla, están compuestos por personas que pelean el poder unos para usarlo a favor de México otros sólo para tener beneficios personales. Desde que la política se convirtió sólo en un negocio para muchos ésta dejó de perseguir ideales y sólo trata de construir intereses. El mejor futuro del PAN se encuentra en sus valores y principios, los que nos dan la identidad que nos dio la congruencia histórica para representar los anhelos de la sociedad mexicana.
El que está sostenido en la fuerza de las ideas de sus fundadores que creían en la ética y las armas de la razón. Solo así convertiremos a la política en el arte de llevar la felicidad al mayor número de ciudadanos. Sólo con esta idea Ernesto Cordero entenderá que en el debate político lo que cuenta es el argumento que se aproxima a la verdad y no el mantra que exalta las pasiones de los fanáticos que colocan virtudes al político en donde no la hay.


