Luis Donaldo Colosio Riojas miraba y escuchaba atentamente a Gustavo Cárdenas y mientras lo hacía, comenzó a parpadear repetidamente, ese muchacho con nombre ligado a desgracia, sonríe y muestra cierta timidez que no le impide tomar el micrófono para decir “todos somos iguales”.
Vino a Ciudad Victoria acompañando a Mario Ramos de Movimiento Ciudadano a inaugurar la oficina del joven diputado federal localizada en pleno 17, arteria emblemática de la capital del estado.
Con él llegó otro muchacho de nombre conocido en el ámbito político, Agustín Basave, hijo del perredista que renunció a seguir dirigiendo a los desbocados que dieron nacimiento a Morena.
Esos tres jóvenes políticos forman parte de la hornada con la que se espera limpiar la senda dejada por sus antecesores.
Para quienes ya vivimos por lo menos una vez ese proceso de ver cómo gente joven se incorpora al ejercicio político, sólo nos resta esperar a presenciar qué nace ahora.
En los noventa, y con Luis Donaldo Colosio, ya muerto al frente, muchos hombres, sobre todo hombres, escasas mujeres, comenzaron a ocupar cargos de importancia a lo largo y ancho del país.
Se trataba de pasar la estafeta a los jóvenes, la mayoría fogueados en cargos públicos federales, y por los que les abrían las puertas dentro del PRI y del PAN. La gente de a pie observábamos con atención el arribo de personas con ideas frescas, con un discurso sin artificios como los que pronunciaban los viejos priístas.
Esperamos pacientes a que efectivamente el cambio de generación significara el avance reclamado para la sociedad.
No ocurrió.
Hoy más de 20 años después el sueño se vino abajo, esos jóvenes hoy o están en la cárcel acusados de crímenes que afectaron directamente a esa sociedad a la que se suponía llevarían a otro estadio de bienestar o permanecen a la espera de que la rueda de la fortuna vuelva a favorecerlos.
Ese desinfle de los que, creímos, supondría una evolución para el país genera el panorama que vemos hoy.
Los jóvenes actuales otra vez están en la banca y en puestos de escasa monta, mientras los hombres y mujeres que rebasan los 60 años tomaron la batuta de México, menos de 30 años les llevó volver a las grandes ligas.
Y esos otrora jóvenes gobernadores emblemáticos y políticos que sonreían por todo, hoy, al que bien le va, anda tocando puertas para que de perdis le den una buena posición en la lista de pluris, y ni siquiera dentro de las federales, aunque sea en las locales.
A eso se limitaron aquellos que formaron parte del cortejo llamado “las viudas de Colosio”.
Tanta libertad en el manejo de los recursos públicos los mareó y perdió.
El país sigue sobrecogido ante la violencia, los días de la muerte de Colosio no han pasado, se recrudecieron.
Hoy viendo a Mario, Luis Donaldo y Agustín, sonreír y hablar me hace recordar a esos que les antecedieron y no dieron el ancho, incluso decepcionaron y están siendo castigados por ello.
Y mientras tanto, Luis Donaldo parpadea cuando Gustavo le dice que “´será lo que quiera, presidente municipal, gobernador, vas a ser presidente”, le vaticina. El joven no puede evitar sonreír levemente, ¿acaso recordando a su padre?
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