Nos pasa en esta época, como en la antigua. Cuando vemos tras las rejas, ahora en sentido figurado, pues la ley y los derechos humanos ya no permiten esas gráficas (bueno sí, pero hay que taparle los ojos e identificarlos solo con la inicial de su nombre, ji ji), pero vaya, cuando vemos con uniformes de presos o esposados a esos poderosos políticos y a uno que otro empresario, el sentimiento colectivo no puede ser más que de aceptación y quizás hasta de regocijo.
En la antigua Roma, en tiempos de Monarquía, República, Principiado o Dominado, muchos gobernados, pese a ser esclavos y reprimidos, rendía pleitesía al monarca o gobernante en turno, y posteriormente ante los excesos de soberbia o corrupción, o ambas, ovacionaban su exterminio.
Los relevos en el gran Imperio Romano fincaban generalmente las alternancias en la muerte, traiciones, vendettas, sacrificios y los intereses de poder.
Así fue en la Roma donde al pueblo le dieron por un tiempo pan y circo, fenómeno peligroso que persiste en la vida moderna.
En México, como en España, dirían algunos críticos de la península ibérica (al pueblo pan y toros), el pan y circo funciona de las mil maravillas con el futbol, la cerveza y el pan (llámese carne asada, mariscada o carnitas), es decir a lo largo y ancho del país.
En el México contemporáneo, los políticos escenifican guerras menos bárbaras que en sus épocas anteriores, por decirlo de alguna manera, pero con los demonios sueltos de vez en vez, los ajustes de cuentas en la lucha por el poder tienen episodios muy interesantes.
Sobre todo a partir de las alternancias, donde todos se acusan hasta el cansancio de corruptos, en varios estados de la República hemos visto con gusto, hay que admitirlo, con gusto, a algunos ex virreyes (exgobernadores) privados de su libertad.
Y es que, aparte de ladrones, muchos priistas y pansitas fueron cínicos, en algunos casos junto con sus “primeras damas”.
Cuando el sistema político era regido por el PRI, vimos con cierto asombro las detenciones del exdirector de Pemex, Jorge Díaz Serrano, del exlíder petrolero Joaquín Hernández Galicia, y ya en el umbral de la primera época dominante del tricolor, la de Raúl Salinas de Gortari, hermano del innombrable, apresado por Ernesto Zedillo.
En el sexenio pasado, el priista Peña Nieto mandó a prisión a la maestra Elba Esther Gordillo. De la época del PAN, aunque Fox solía alardear que tenía “lingotes de oro” para ajusticiarse a peces gordos de Pemex y otras instancias, no se dieron arrestos importantes.
Con Calderón hubo represión, una guerra mal planeada contra el narco y una escandalosa corrupción, semejante a la del peñanietismo.
La mayor parte de los arrestos de políticos sexenales en México han tenido la intención, más que de hacer justicia, de venganza y ajustes de cuentas, el que la hizo, la paga.
Esto no quiere decir que El Negro Durazo, Raúl Salinas, La Quina, Díaz Serrano y un largo etcétera hayan sido presos políticos o víctimas inocentes, pero la mayoría la libró. Claro, con dinero bailan abogados, jueces, ministros, magistrados, y otros factores que nos hacen concluir que ciertamente, la cárcel es para los pobres.
En Nuevo León, donde el PRI ha reinado históricamente, con un independiente más priista que AMD o Plutarco Elías Calles en sus tiempos, los ajustes bélicos con cárcel de por medio se han dado en varias ocasiones.
Benjamín Clariond Reyes Retana mandó tras las rejas a una buena parte del gabinete de su antecesor y compañero de partido, Sócrates Rizzo García, de hecho hizo todo lo que pudo para mandar al linarense al entonces penal del Topo Chico, pero aunque literalmente lo linchó, jurídicamente no pudo apresarlo.
Casi la totalidad de los exfuncionarios de Rizzo fueron exonerados. ¿Inocentes? ¿Impolutos? No, la Fiscalía del Benjas fue incapaz de fincar e imputar los delitos a los acusados.
El panista Fernando Canales Clariond no encontró nada cuestionable en la corta administración de su primo hermano El Benjas, ni tampoco lo hizo el abogado Fernando Elizondo, que lo sustituyó 9 meses. Quién sabe por qué.
El independiente con ADN priista Jaime Rodríguez Calderón prometió en su campaña que encarcelaría al priista Rodrigo Medina, que encabezó una administración igual, o más corrupta que la de Rizzo, pero solo pudo meterlo al Penal unas horas. Jurídica y legalmente (y oficialmente) no pudo cumplir su promesa.
Y ahora, El Bronco, que desde los primeros días de su administración enseñó el cobre al adquirir cobijas a un precio más inflado que el globo aerostático al que trepó al poner un pie en Palacio de Cantera, y que incurrió en un sinfín de adquisiciones, compras, ejecuciones de obras, etcétera, más cuestionadas que la guerra de Rusia en Ucrania, El Bronco que en su sueño guajiro se veía con la banda presidencial ordenando cortar las manos a los ladrones, pernoctó en el Penal de Apodaca.
Sí, el reclusorio que él mismo mandó acondicionar mediante una inversión millonaria.
Naturalmente que muchos tamulipecos han aplaudido los arrestos de Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, (algunos los extrañan, y les lloran); como los veracruzanos gozan por la captura de Javier Duarte, o los chihuahuenses la aprehensión de César Duarte, así como otros casos de priistas y panistas, aunque algunos gracias a sus abogados y dinero ya salieron y otros probablemente están por salir.
Las acciones mediáticas y los juicios firmes que siguen manteniendo en la cárcel a los exgobernantes criminales satisfacen al pueblo, al pueblo pueblo, como diría el maestro Silvino Jaramillo.
Ojalá y esto no sea circo, aunque por las imputaciones sobre Rodríguez Calderón de desviación de recursos púbicos en la recopilación de sus firmas para aparecer en la boleta presidencial de 2018 podría recobrar su libertad con cierta facilidad. Dinero le sobra, y abogados también.
La duda es sí Jaime tiene fincados más delitos del fuero común, federal o provenientes de la justicia de EUA.
¡Qué cosas! Hoy El Bronco está embroncado por aquella sed de más poder de 2018, aunque a final de cuentas él supiera que no figuraría en la elección presidencial, salvo para el 5 por ciento de los votantes (2 millones 961 mil incautos).
Y oh sorpresa, el justiciero joven gobernador de Nuevo León, Samuel García, amanece en los cuernos de la luna! y en medio de la aprobación de las redes sociales, que tanto goza!, seguramente vuela, vuela…
Pero por lo pronto, el pueblo sonríe, El soberbio Bronco está en el penal, como cualquier pillo del barrio, como cualquier puntero pillado, como cualquier narco sentenciado, o como aquel que resbaló y no tiene para el abogado.
Quizás mañana Rodríguez Calderón salga de ésta, pero por lo pronto, exhibido es.


