A propósito de la negativa de un tribunal mexicano para conceder un juicio de amparo a la ciudadana francesa Florence Cassez, funcionarios diplomáticos de aquel país anuncian que las relaciones internacionales entre ambas naciones se verán afectadas.
Lo anterior, pone a prueba la política exterior que encabeza el presidente Felipe Calderón y que deberá responder sin duda a éstas y a las aseveraciones y acciones de Francia en el futuro sobre este tema.
Más allá de estar o no de acuerdo con la inconformidad del gobierno de Nicolás Sarkosy en relación al proceder de los Magistrados mexicanos, nuestro país estará actuando en un escenario pocas veces visto en los últimos años, en donde una potencia extranjera siente agravios cometidos por instituciones mexicanas y que de acuerdo al sentir y pensar de funcionarios franceses, nuestro gobierno debe resarcir.
Complicado se vuelve el escenario si consideramos que legalmente no existe forma de que la sentencia sea revocada o modificada (circunstancia que dudamos no haya sido considerada por la diplomacia francesa antes de emitir su postura), y que por ello no hay manera de que la sentenciada salga de prisión sin purgar su pena.
Así las cosas, un país poderoso económicamente ha salido a descalificar a las instituciones de uno subdesarrollado y amenaza con reaccionar (sin especificar cómo) aseverando que las relaciones bilaterales se verán afectadas.
No es la primera vez en este asunto que el gobierno francés intenta persuadir al mexicano para favorecer a Cassez; por ello creemos que la sentencia emitida por el Tribunal Colegiado de Circuito fue escrupulosamente dictada previendo alguna reacción.
Sin embargo, la reacción ha superado todas las expectativas colocando el tema en un asunto de Estado para Francia, por lo que la política exterior mexicana debe ser ejercida hoy más que nunca con mucha prudencia, a la luz de la comunidad internacional, a fin de no dar pretexto para el rompimiento de las relaciones diplomáticas y consulares entre ambos países, en el entendido de que esta decisión puede darse de manera unilateral.
De igual forma, el Senado de la República deberá estar muy pendiente de las acciones de la diplomacia mexicana, analizando en el ejercicio de sus atribuciones, la política exterior desarrollada por el presidente Calderón y en caso de ser necesario, actuar para rectificar o enmendar cualquier equivocación.
Quizás la fuerza colonizadora que caracterizó a Europa en la Edad Media nos haga comprender la arrogancia francesa de Sarkosy y sus colaboradores en el caso que nos ocupa; sin embargo, no deja de ser una lástima que Francia haya decidido pronunciarse de esa manera en un asunto judicial que no puede ni debe poner en riesgo las relaciones bilaterales de dos países democráticos en nuestros tiempos.
Florence Cassez

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