El cine, como la contienda política, es una secuencia de fotografías instantáneas que al proyectarse a una velocidad mayor a los 19 cuadros por segundo, dan la impresión de ser un proceso de movimiento continuo. Al conocerse la nominación de los candidatos a la Senaduría vacante en Tamaulipas: José Ramón Gómez Leal de Morena, Manuel Muñoz Cano del Partido Verde e Imelda Sanmiguel Sánchez de la coalición PRI-PAN-PRD, el primero parecía ir en caballo de hacienda.
De hecho, si en ese día hubieran sido las elecciones, seguro que las ganaba de calle por ser el más conocido a nivel de estado luego de haber sido delegado del Programa Bienestar de la Cuarta Transformación y coordinador de la estructura de Morena en la entidad, realizando un intenso trabajo con las bases. Pero, en la siguiente fotografía, cuando se dieron a conocer los programas de trabajo y las plataformas políticas, las cosas comenzaron a cambiar.
En primer lugar, habría que decir que la contienda será entre dos; la tercera parece ser, hasta el momento, una figura decorativa con poco qué hacer. Luego, vienen las declaraciones ya en firme que pintan a cada uno de cuerpo entero. Mientras que José Ramón se deslinda de su cuñado Francisco García Cabeza de Vaca y de los grupos panistas que lo llevaron al Congreso local de caballito, Manuel anunció la creación de una comisión para devolverle a los tamaulipecos lo robado por funcionarios de la anterior administración.
Hablando claro, mientras uno se desentiende de las demandas populares, el otro ofrece música celestial para quienes fueron agraviados de muy variadas formas por el gobierno cabecista, que ejerció el poder de manera muy peculiar, como si todo el monte fuera de orégano y no fuera necesario respetar la ley y cuidar las formas. Ya con ese arranque la ventaja inicial merma y existe la posibilidad de que el gran capital político de José Ramón se achique tanto que quede mal parado.
Hablando de cine, quién no recuerda la exitosa película de Ismael Rodríguez, Dos tipo de cuidado, que a pesar de tener un argumento chabacano, se ganó al público mexicano y latino gracias a la confrontación de dos personalidades diametralmente opuestas: Jorge Negrete (Jorge Bueno, el rico y altivo terrateniente) y Pedro Infante (Pedro Malo, campesino alegre y dicharachero). Ahora, están en la contienda un político nacido en pañales de seda que no puede quitarse los aires de arrogancia que trae desde la cuna; pero, que ha tenido buen desempeño en las tareas que le ha encomendado Morena y otro joven que lleva la política en la sangre y que ha demostrado sensibilidad para entender a todos los sectores de la población, especialmente los menos favorecidos. Los handicap del anuncio de las candidaturas y del inicio de las campañas no bastan para vislumbrar el final.
Habría que ver si uno logra tener la suficiente dosis de humildad como para escuchar y entender las críticas y el otro logra una mayor identificación con las clases populares y familias de Tamaulipas que se han visto afectadas por gobiernos insensibles y sordos a la angustia de la gente que se pregunta cómo hará para comer al día siguiente.
Ambos deben tener muy presente que de acuerdo a la Constitución, un senador tiene la obligación de “Presentar Iniciativas de ley o de decreto, Proposiciones, Excitativas, mociones, solicitudes, propuestas y votos particulares”; pero, no por la libre, sino de acuerdo al Gobierno del Estado que representa en la Cámara Alta. A partir de ello, al primero que deben congraciar es al mandatario en turno, que en este caso, puede resultar beneficiado con cualquiera.
Los 45 días de campaña irán mostrando las instantáneas del momento hasta llegar a la hora de la verdad el 19 de febrero.


