Hambruna emocional (¿Por qué llora el niño?)

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Hoy por la mañana leí en el periódico una nota en la que se dice que, según un estudio de Ensanut (2021), 7 de cada 10 adolescentes en México, manifiesta sentirse triste todo el tiempo. Sin duda, dicho estado de tristeza permanente, es un claro síntoma de depresión.

Y, aunque es “normal” sufrir algunas crisis existenciales durante la juventud, no podemos negar que el mundo se ha vuelto cada vez más egoísta y hostil y ese mundo, empieza en el interior de los propios hogares y en la familia. Nadie esperaría sentirse plenamente feliz el 100% del tiempo, pero debe haber un equilibrio y los números demuestran que no hay dicho balance.

Siendo la tristeza una de las emociones básicas, de ella se desprenden –en consecuencia- muchas sensaciones y sentimientos tales como: soledad, vulnerabilidad, desamparo, culpa, asilamiento, abandono, victimización, fragilidad, pena, impotencia, vergüenza, resentimiento, vacío, inferioridad, decepción, desgano y desesperanza.

También, hemos sobrevaluado la juventud, a la que preciamos principalmente por la “apariencia”, y la felicidad, a la que confundimos con euforia y diversión aturdidora. De ahí que los vacíos existenciales los llenamos con vanidad y superficialidad banal.

Partiendo del concepto de que “No sólo de pan vive el hombre”, sin temor a equivocarme puedo afirmar que nuestros muy jóvenes adolescentes están padeciendo una hambruna emocional que, fácilmente se convierte (porque el hambre es canija), en una especie de canibalismo social: eso es alimentarse “devorando” al prójimo o siendo devorados por él.

Las relaciones humanas se vuelven depredadoras….en el peor de los casos, se incurre en la un proceso llamado autofagia (literalmente “comerse a sí mismo”) , emocionalmente hablando. Léase: autodestrucción.

El alimento emocional de los jóvenes hoy en día es basura equivalente a la comida chatarra. Lo mismo que hace la comida chatarra con el cuerpo físico, lo hacen los contenidos y los entornos (ambientes) basura en el espíritu: desfiguran, enferman, intoxican, producen pesadez, indigestión, malestar y solo sirven para disfrazar el hambre por un rato.

Los jóvenes están tristes porque tienen hambre emocional: hambre de hogares armoniosos, hambre de atención afectiva y efectiva, de escuelas edificantes, de espacios al aire libre, de amigos verdaderos, de abrazos y cariño familiar, de más autoestima y menos ego.

Los jóvenes, tienen hambre de ilusión, de paz, de esperanza, de fe, de confianza, de respeto, de amor.

Y si no ponemos eso pronto en su “mesa existencial” veremos a toda una generación morir frente a nuestros ojos a consecuencia de una hambruna emocional…¿Por qué llora el niño? -Porque tiene hambre.

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