Mi madre tenía su carácter. Así veían a doña Esther, pero fue muy generosa con su familia y amigos cercanos. No dejo de extrañarla siempre. Creo que no estamos preparados a la pérdida de un ser querido.
Debería de hablar de Coldplay sobre la indiscreción del cantante Cris Martin con la pareja de “infieles” Andy Bryon y Kristin Cabot, de la empresa Astronomer, cuando los pescó la “kiss cam” en uno de sus conciertos.
En estos días, las redes sociales explotaron porque los cacharon en la movida. ¿Cuándo iban a pensar en que de los miles de asistentes ellos iban a caer?
Pero en este momento hablaré de mi madre, que no quiero subir el morbo de cómo se encontraba. Ya estaba muy molesta y le dolían sus piernas, debido a una caída que tuvo en noviembre del año pasado, cuando se le rompió el húmero de su brazo izquierdo.
Me enfoco en los bellos momentos. Ella tuvo el respaldo de don Chuy, el comerciante que llegó de Higueras y puso en alto el pan francés y conchas de la Superior, tenía muy buen carácter, escuchaba canciones italianas, creía en Dios y leía la Biblia a veces, por algo tenía de cabecera el libro “Metafísica 4 en 1” de Conny Méndez, que invita a tener una buena actitud ante la vida.
Aunque en su último año fue duro para la familia verla postrada todo el tiempo en la cama, ya sin fuerzas para sentarse y caminar, quiero recordarte brody que ella siempre estuvo muy atenta no solo de su “viejo”, su esposo, sin también de sus hijos, nietos y parientes cercanos.
Manejo el dinero hasta los últimos años, cuando a los 95 no veía y dejaba olvidados algunos billetes en las sábanas de la cama, pero ella sabía que era necesario para que se moviera el mundo.
“El consejo que les puedo dar es que escondan un billete en un saco o cajón, luego les dará gusto volver encontrar, porque les hará falta”.
Hace apenas un año se ponía de pie para ir a lavar su ropa, como los trastes. En una época de escasez de agua, dejaba el chorro saliendo para que se limpiara bien los platos, por eso le dije “Mamá, cierra la llave”.
-¿Y ahora sucede que me vas a enseñar a lavar tú?-, me dijo.
La estufa fue cancelada, luego de que en un par de ocasiones la dejó encendida con un sartén y vimos que salía humo de la cocina. Mejor se le puso una parrilla eléctrica.
A Rosa María le advertí cuando la conocí y fue a Monterrey: Mira, tal vez te vaya a regañar fuerte, pero no le digas nada por favor, no la contradigas.
En una ocasión comiendo alitas de pollo rostizado, ella estaba juntando los huesitos cerca de mi plato, acción que observaba mi madre con detenimiento.
-Si mi esposo me hubiera dejado los huesitos en mi plato ¡yo se los hubiera aventado en la cara!- le gritó a mi esposa, quien enmudeció.
En ese momento no discutí, sabía que era una rabieta, que mi hermana Laura cuestionó enseguida: “Pepe, ¿hay algún problema con esto? ¿No? Bueno, mejor cambiemos de tema”.
Nos miramos e ignoramos el momento. Pero yo no me quedo con los regaños, sino con los innumerables momentos de amor hacia nosotros.
Ella estuvo presente en mi boda con Rosa María en Reynosa, muy feliz hace 13 años. Sabía que empezábamos una nueva vida y la veíamos una vez por semana en los viajes a su casa.
Ya grande hace algunos años me llevó de la mano, como si fuera un adolescente a comprar unos zapatos y un cinto al centro de Monterrey. También me escogió calcetines, de los que no ligaban los pies, para que no lastimara la circulación. ¿Cómo decirle que yo podía hacerlo solo? Pero era su gusto hacerlo.
Por eso ¡ups! Siento como si me cacharan con la kiss cam con mi madre, y no me avergüenzo de su amor.


