Larrazábal mejor que Medina

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La reciente encuesta de Hora Cero publicada en la segunda edición del mes de noviembre arroja resultados non gratos para el gobernador, Rodrigo Medina, y halagüeños para el alcalde de Monterrey, Fernando Larrazábal.
 
Si bien las comparaciones son “odiosas”, lo interesante de este ejercicio periodístico es conocer qué piensan los ciudadanos de sus principales gobernantes.
 
A Rodrigo Medina las encuestas no le favorecen porque aparece apenas con un 6.7 por ciento de aprobación ciudadana a su gestión como gobernador del Estado en los primeros 50 días. En el colectivo ciudadano persiste la creencia de que hay incapacidad en los funcionarios para enfrentar el problema de la inseguridad y el crimen organizado.
 
Sus adversarios han hecho su tarea de propagar “esa incapacidad” en los medios de comunicación y lo peor, para el gobierno de Medina, es que la gente común sí cree en lo que dicen los propagandistas del PAN y de algunas cámaras empresariales.
 
Al gobernador más que fallarle sus estrategas de comunicación, le han fallado sus operadores políticos y los funcionarios responsables de elaborar proyectos, sobre todo el llamado Plan Sexenal. Eso de proponer en el proyecto de presupuesto de egresos 2 mil millones en “obras en proceso” no es más que el síntoma de que quienes ocupan las principales carteras del gobierno no han hecho nada o no lo han dado a conocer.
 
Cuando no hay plan no hay estrategia. Rodrigo tuvo dos muy buenas acciones de gobierno que le pudieron generar simpatías y confianza en sus actos de gobierno. La primera ocurrió cuando la Procuraduría de Justicia del Estado detuvo de manera contundente a los presuntos asesinos del general, entonces secretario de seguridad de García, Nuevo León, Juan Arturo Esparza García, acribillado por un grupo de sicarios.
 
La segunda fue cuando, en conjunto con las fuerzas federales, detuvo a los ex jefes policíacos de Monterrey, Guadalupe y Montemorelos. Fueron actos que pudieron tener mayor impacto en la mente colectiva con el fin de “demostrarle” a la población que el gobierno de Medina cumple con sus promesas de combate al crimen organizado.
 
Larrazábal por su parte, obtuvo un  8.78 de aceptación ciudadana. Lo ven como un político serio, de verdad y valiente. Esas calificaciones las ganó cuando enfrentó el tema de la corrupción en tránsito de Monterrey con acciones jurídicas y mediáticas. Despidió a los “malos” y eso le generó suficientes simpatías, pese a sostener a algunos mandos y jefes de vialidad acusados como corruptos por los propios elementos.
 
Tiene como aliado principal al periódico El Norte, pero no debe confiarse porque así como le “cacarearon” su “limpia en Tránsito”, le pueden abrir un boquete con el tema de la violación de horarios en la venta de alcohol y la prostitución infantil en todo tipo de antros que operan en Monterrey casi las 24 horas del día.
 
Sus estrategas se han visto con mayor oficio, quizá eso es lo que le falta a los operadores de Rodrigo, oficio.

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