Lectura: Gobernador interino

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Hoy es uno de esos días en que el anhelo de filosofar me gana la partida y el idealista que me habita fluye y controla la inspiración para abonar lecciones de vida aprendidas en el trayecto de nuestra existencia, en ese viaje que recorre días y vivencias con el firme propósito de llegar a un puerto existencial y que simplemente nos brinda la invaluable experiencia que a todos nos queda después de rasparnos un poco la esencia por el simple hecho de vivir.

Con la memoria como único depósito de mis palabras donde puedo encontrar y rescatar cada momento que me permite compartir contigo, sesudo lector, las moralejas que pudieran servirte para asumir que las cosas que te suceden, las buenas y las malas, no son privativas de nadie; que la bonanza y la adversidad le suceden a buenos y malos, que Dios hace salir su sol precisamente sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Misterio insondable pero cautivador.

Después de la filípica que el Congreso federal le dio a Cabeza de Vaca, que me dejó muy asombrado, pero también muy escéptico, siento una inmensa necesidad de filosofar deliberadamente para compartir contigo otras cosas, para entender que así como no solo de pan vivirá el hombre, no solo de Cabeza de Vaca tiene que hablar el tamaulipeco, más cuando parece que sus tiempos comienzan a diluirse. “Such is life”, dirían con extremo pragmatismo y frialdad los ingleses.

En medio de la oscuridad una luz se ve en el horizonte cuando nos dicen que uno de los posibles sustitutos para ser nombrado gobernador interino es un hombre de probidad indiscutible para todos, Cesar Rendón García. Vendría a darle lustre a un puesto tan vilipendiado en los últimos personajes que lo han ocupado. Un hombre que más que inspirar temor, inspira respeto. Ya se dijo, aunque ese no era el tema.

Regresando a la esencia de filosofar, debo mencionar que el psicólogo James Hillman sostiene que quienes han leído cuentos o quienes han escuchado leer en la infancia se encuentran en mejores condiciones y tienen un pronóstico más favorable que aquellas personas que no los han conocido. Es claramente definitivo que lo que se recibe a una edad temprana y está relacionado con la vida ya que brinda en sí una perspectiva de la vida con la que nos tocará lidiar. Leer es una manera en la que el alma se zambulle en la vida.

Se logra mucho leyendo en voz alta y sin prisa, asumiéndose dueño absoluto del tiempo y el espacio. Todos deberíamos ser lectores; y yo tengo en común con quienes leen, sus gestos y su arte, así como el placer, la responsabilidad y el poder que encuentran en la lectura. No estoy solo, pero leo mejor cuando me empato alegremente con la soledad.

Cuando leí mi primer libro “El misterioso asesinato de Benson”, hace ya muchas vueltas del planeta, me quedé de tal forma fascinado que no sabía si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez las ideas que invadieron mi mente. Me creía mucho pues me creía único. Sin darme cuenta de ahí surgió un irresistible deseo por escribir, por hablar y por usar la palabra con atingencia y con precisión.

Hoy creo que quien aspire a ser escritor tiene que saber reconocer y descifrar el sistema social de signos antes de volcarlos a la página, donde el tiempo pasa al compás de nuestro interés o nuestro aburrimiento. Leer y escribir no es para todos, pero sí lo es.

Las letras nos dejan vislumbrar o inferir el vertiginoso mundo que nos rodea y nos arropa la existencia, pues una vez que se adopta el alegre hábito de la lectura podemos estar convencidos que nadie ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable contando con la dichosa herramienta de la narrativa. Cuando lees, las letras y las palabras te invaden y podrás expresar sin rubor todo lo que piensas, todo lo que observas, todo lo que vives y la emoción fascinante que ciertas personas te provocan con su sola presencia. Eso es deslumbrante.

En mi abarrotado mundo de las letras, las palabras y los libros, no quiero dejarte una parrafada sin utilidad alguna, por eso quiero confesarte algo con toda la solemnidad posible.

Querido y dilecto lector, hay vivencias que transforman nuestra memoria, nuestro lenguaje, nuestra capacidad creativa y la manera de organizar nuestro pensamiento, incluso nuestra relación con la autoridad, con el saber y con el pasado. Eso hace la auténtica lectura. En nuestra íntima liturgia de domar un libro, la suave brisa del relato se lleva todas nuestras preocupaciones.

No le temamos a un hábito nuevo como la lectura, los habitantes del mundo antiguo creían que lo nuevo tendía a provocar más degeneración, no es el caso.

El tiempo hablará.

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