Llegó a su fin la pasarela de los informes municipales y el gobernador Américo Villarreal Anaya anduvo desatado buscando colgarse la medalla de visitar cada rincón del estado. Al final, el marcador quedó 42 de 43. El único tachón en su bitácora fue Río Bravo, donde de plano las agendas simplemente no se pudieron cuadrar con las autoridades locales o mejor dicho, no se quisieron cuadrar.
Y es que recorrer Tamaulipas no es cualquier cosa; nuestro estado es un monstruo geográfico. Para dimensionarlo, pensemos en el traslado en automóvil desde Tampico hasta Nuevo Laredo: son 724 kilómetros de asfalto que, sin contratiempos, se devoran en unas ocho horas y media. Si le sumamos la obligada parada técnica para comer o pasar al baño, el tiempo al volante se dispara fácilmente a más de diez horas.
Esta inmensidad nos hace recordar una vieja anécdota de los tiempos del PRI, cuando el exgobernador Tomás Yarrington Ruvalcaba platicaba con la entonces gobernadora de Tlaxcala, Beatriz Paredes Rangel.
Fiel a su estilo soberbio, Yarrington empezó a presumir el ostentoso parque de aviones y helicópteros de la administración tamaulipeca, ganándose una severa crítica de la tlaxcalteca.
La respuesta del matamorense fue lapidaria: le aclaró que no podía comparar a Tlaxcala con Tamaulipas, porque en su pequeño estado no necesitaban helicópteros, sino acaso un par de zapatos o unas buenas chanclas.
Tenía toda la razón. Tlaxcala es el estado más pequeño del país, con una minúscula extensión de 3,997 kilómetros cuadrados. Cruzarlo de este a oeste en su eje más largo apenas toma una hora con 45 minutos para recorrer sus escasos 116 kilómetros. Ahí los trayectos son un tierno paseo dominical.
Volviendo al presente, el gobernador Villarreal Anaya completó su maratón por 42 municipios. La dolorosa excepción fue Río Bravo, donde las condiciones políticas nomás no se dieron para que acompañara al alcalde Miguel Ángel Almaraz Maldonado. Ahí brotó un espeso problema político aderezado por la siempre disputada e histórica mina de oro que representa la Comapa local.
Para sacudirse el mal sabor de boca fronterizo, Américo visitó San Nicolás, el municipio más desértico en términos demográficos de todo Tamaulipas, para escuchar el informe de la alcaldesa Analy Becerra. “Aquí estamos en el municipio que menos habitantes tiene, según el censo, pues tenemos 926 habitantes, pero no por eso son menos importantes…”, recitó el mandatario con tono paternalista para asegurarles que el Gobierno del Estado los tiene presentes todos los días.
En ese olvidado municipio incrustado en la sierra, la administración estatal promete impulsar la producción de ganado caprino y la explotación de piedra laja, un material con gran demanda en la costa este de Estados Unidos que, según el libreto oficial, pronto podría exportarse a lo grande a través del Puerto del Norte en Matamoros. Ya veremos si no queda en otra bonita promesa.
Con esta radiografía fresca, el gobernador seguramente ya tiene un pre dictamen de los alcaldes que pasan la prueba de fuego para la reelección.
Es verdad que legalmente la bendición formal le concierne a la dirigencia de Morena, pero no hay que pecar de inocentes: el inquilino del Palacio de Gobierno siempre lleva mano en las recomendaciones.
Ojalá que cualquier decisión sucesoria se tome con la cabeza fría y no con el corazón, ni mucho menos con el estómago y todo lo demás. Ya no están para más novatadas.
Por los rumbos de la educación superior, el rector de la UAT, Dámaso Anaya Alvarado, mantiene un puntual y obligado seguimiento al caso del joven Tadeo Ortiz.
El asunto sigue bajo la lupa del Consejo Técnico de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, órgano que tiene la papa caliente de entregar los resultados de la investigación y determinar las sanciones administrativas para los alumnos, directivos o docentes que resulten involucrados en este atropello.
Desde que la penosa situación se viralizó y encendió las redes sociales, la Rectoría asumió el control de los daños bajo una postura tajante: cero tolerancia a las conductas que vulneren la integridad estudiantil.
Más allá del control de daños o del frío trámite burocrático, la prioridad institucional se enfocó en la salud del estudiante, buscando esquemas de apoyo para que continuara sus estudios en Ciudad Victoria. Sin embargo, ese proyecto de vida se interrumpió de tajo luego de que su familia tomara la dolorosa decisión de darlo de baja definitiva de la institución.
A pesar de que Tadeo ya regresó a su natal San Luis Potosí y se reporta estable de salud, el rector no suelta el caso tras haberle ofrecido atención médica y psicológica oportuna. Vale recordar que el estudiante estuvo bajo estricta observación en el hospital del IMSS en la capital del estado debido a un severo golpe de calor sufrido dentro de las instalaciones de la Facultad; un diagnóstico clínico que posteriormente fue ratificado por la Fiscalía General de Justicia.
Dámaso Anaya condena enérgicamente estas retrógradas prácticas de “iniciación” o novatadas contra los alumnos de nuevo ingreso. Asimismo, reiteró la colaboración de la UAT con la Defensoría de los Derechos Universitarios para llegar al fondo del asunto y castigar a los responsables.
Finalmente, este amargo episodio nos obliga a reflexionar sobre el tremendo impacto de las redes sociales. Su innegable capacidad para amplificar y viralizar la información suele distorsionar la percepción pública, generando una presión mediática asfixiante que, en este caso, se convirtió en un factor psicológico demoledor para la decisión final que tomaron el joven y sus padres.
El salvajismo de las novatadas debe quedar sepultado en el pasado. Los lamentables hechos en Veterinaria representan una excelente —y urgente— oportunidad para vigilar con lupa todos los planteles de Tamaulipas, no solo los universitarios, antes de que ocurra otra tragedia irreversible.
Sin olvidar el caso de Dafne en Madero, donde una iniciación en un curso de verano costó la vida a una jovencita con todo el futuro por delante.
Bueno, por hoy es todo.
Adiós y aguas con los patinazos… miren que en política, un desaire en la frontera o una novatada mal cuidada terminan costando muy caro en las urnas.
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